domingo, 22 de noviembre de 2015

Hoy ha sido un día increíble. Y aún así no puedo evitar al final del día quedarme con una sensación amarga, un sabor agrio. Me siento idiota, puede que no sepa disfrutar de la vida.

Supongo que es la insatisfacción general con mi vida, el no hacer lo que siento que me gustaría más hacer y huir de ello. Ojalá sea eso y no sea la más pura soledad la que me hace sentir así.

La oscuridad. Esa sensación de vacío que me hace sentir que todo es en vano, que al final del final, nada merecerá la pena. Ojalá algún día aprenda a que eso me importe poco. Aunque no dejo de soñar con el ideal, la fantasía, la mentira, el autoengaño... no dejo de soñar con que me equivoco y realmente tiene sentido.

Cobardía. Cobarde.

Y cómodo, sobretodo eso. Esforzándote al mínimo, lo justo hasta para engañarte a ti mismo.

Se me hace tan difícil creer que PUEDE que no esté solo, que probablemente sea eso lo que me aleja de las personas adecuadas. Ojalá esta vez me equivoque, aunque sea en parte, en gran parte, en especial en esa parte. Ya me he equivocado en otra parte, y me he alegrado muchísimo. Ojalá no esté solo.

Voy a dormir. Quizá sea simplemente eso, que no duermo adecuadamente.

1 comentario:

Annie dijo...

Aunque nos empeñemos en tintar los cristales para no ver todo aquello que nos rodea y encerrarnos en nuestra confortable burbuja, cálida y ajena a todo; no, no estamos solos. Siempre hay alguien dispuesto a escucharnos y hacernos sentir dichosos. Sólo tenemos que saber mirar... antes de que sea tarde.