viernes, 5 de junio de 2015

Siempre volvía

Creo que ahora entiendo porque tras un tiempo acababa volviendo hacia ella.

Antes me sentía mal porque creía que era principalmente porque me sentía solo, vacío, sin nadie a quien hablar y, lo más importante, sin nadie quien crea que me entendiese lo que le decía, cómo realmente me sentía y que le interesase sinceramente todo. Y que fuese mutuo. Creía que era principalmente por disponibilidad, la mejor opción.

Nunca estaba conforme con esa razón, pero pensaba que no aceptarlo era la forma de protegerme de verme como un ser egoísta más. Ahora, con el tiempo, creo haber hallado la razón principal.

Y es que, después de tantas rachas solo -ésta última la más pronunciada sin duda-, he visto que realmente estar solo para mí no es un problema. De hecho tiendo a estarlo y me gusta disfrutar de tiempo para mí mismo, organizarlo a mi manera y hacer las cosas como me sale al real gana. La soledad en sí misma ya sé que no es el problema. El problema es lo que proyecta esa soledad, lo que me devuelve: a mí mismo, lo que soy yo.

Me devuelve mi gran lucha interna sobre quien soy y quien me gustaría ser, lo que podría mejorar, las cosas que no me gustan y todas esas paranoias mentales que son casi tan mías como mis lunares o mi efusividad.

La razón principal por la que siempre volvía era que sabía que ella era la única persona que me quería y aceptaba tal y como yo era. Porque era yo, sencillamente, incondicionalmente. Es curioso que tras tantos años y tantas conversaciones, una de las frases que más recuerde sea un día de esos de reconciliación, tras yo hacer una de mis típicas tonterías, ella rió divertida y dijo algo así como "esta es una de las cosas que más me gustan de ti, que haces tonterías sin importarte nada. La gente es muy seria, Javi, muy aburrida". Con ella era simplemente yo, y funcionaba mejor de lo que lo ha hecho con cualquier otra persona. Todo era sincero y sencillo.

¿Por qué lo he entendido ahora? Porque ahora estoy más que nunca en un punto de aceptación de mí mismo desde hace muchos años. Podría remontarme hasta los 18, pero ahora incluso más. De hecho, ahora las cosas me importan y molestan muchísimo menos que antes. Me siento más tranquilo, sin prisas que nunca, y cuando no hago lo que quiero hacer lo noto casi al instante.

Y ahora, cuando me la suda más todo, me acuerdo de ella. La razón es esa.

Pese a todo, es triste. Es triste porque yo no la acepté como era ella, no del todo. Es jodidamente triste que la persona que más me ha querido no haya sido recíproco.

Me encantaría darle las gracias por demostrarme que puedo ser amado tal y como soy. Pero ha de quedarse todo aquí, escondido, para no volver a repetir una vez más una historia cuyo final conozco. "Repetir las mismas acciones y esperar nuevos resultados es un signo de locura..."