jueves, 30 de abril de 2015

Momento mágico en el mundo real

Hace un instante, en la calle he oído a un grupo de chavales cantar una canción. Pero no una canción cualquiera, sino justamente esa canción que evoca tan buenos sentimientos en mí.
He salido al balcón para poder escuchar mejor. Eran cuatro chicos, y entre ellos una chica cantaba increíblemente bien. Me ha gustado muchísimo, tanto que me han entrado muchas ganas a ponerme a cantar con ellos.

Después de este tiempo, y en particular de lo que pasó ayer, que haya sucedido casualmente esto me ha hecho sentir una sensación como mágica, esa sensación que intentan transmitir algunas frases que encuentras por redes o vídeos emotivos que circulan por internet. Solo que esto ha sido real.

Son de estas casualidades tan oportunas que te hacen o bien pensar, o bien confirmar lo ya aprendido con una media sonrisa. Ha sido el segundo caso.

Seguramente este ha sido el momento más estimulante de todo el mes. Por eso quería compartirlo. Claro que, si no llega a ser por ayer, no habría significado tanto.

Cambiar la etiqueta a "transformación" ha sido un gran acierto.

(Tengo que aprender inglés de una vez, no puede ser que no sepa cantar una canción así.)

domingo, 26 de abril de 2015

¿Qué tal el día?

Me gustaría preguntarle qué tal le va. Sinceramente, me gustaría saber como está, qué ha pasado importante en su vida en los últimos tiempos y como se siente sobre ello. O, sino, simplemente que me cuente como le ha ido el día, como le ha ido en esas cosas cotidianas que normalmente no hablas con nadie porque parecen irrelevantes, pero que en realidad son muy personales. Saber si está cansada, agotada, aburrida de la monotonía, o estimulada, motivada por lo que ha aprendido últimamente, y demás cosas.

Pero sé que no es posible. Estaría ella demasiado preocupada por como me estaría sintiendo yo en ese momento con respecto a ella. Si llevo otras intenciones implícitas al empezar a hablar, si estoy "tanteando el terreno", si seguiré igual que siempre... Toda esas cosas. Esas cosas que hacen imposible la amistad una vez que ha habido algo más.

Ojalá que le vaya bien. De verdad. Si tuviera que predecir, apostaría porque todo sigue en su mayoría igual que siempre. Pero de verdad me encantaría que, por fin, haya encontrado aquello que quiere.

viernes, 17 de abril de 2015

Transformación

Las entradas que he ido publicando años atrás hasta hoy han ido con la etiqueta "transición". Siempre he pensado que estaba en una época de tránsito entre quien era y quien quería ser.
Ahora, principalmente motivado por el entendimiento del concepto que uno cambia empezando a trabajar desde hoy mismo, he cambiado la mentalidad. De hecho, en los últimos días siento que la palabra ya no es transición. "Transición" la siento como demasiado pasiva para lo que estoy haciendo.

La palabra adecuada es "transformación". Llámalo cambio si quieres, viene a ser lo mismo.

Tras encontrarme por las redes dos pequeñas frases relativas a ello, me he animado a escribir esto y dejarlas por aquí.

El primero es un retwitt de JPelirrojo. El segundo, típica imagen de facebook.

Dejar de ser "uno mismo" para mejorar no es convertirse en otra persona sino en una mejor. "Yo soy así, nunca cambiaré" está sobrevalorado



De ésta última, me gustaría señalar la transformación de mi pensamiento. Hasta hace poco tiempo, ese "quizá" en realidad habría sido "ojalá", con el sentimiento de esperanza que conlleva. Ahora no espero, me siento mucho mejor así; de hecho todas las épocas de mi vida en las que he sido impaciente son en las que mejor me he encontrado conmigo mismo. No esperar a nadie, hacer las cosas para mí. Necesitaba ese egocentrismo para no quedarme tan jodido cuando alguien me hace daño, y lo he conseguido. Y me alegro mucho por ello.

miércoles, 15 de abril de 2015

Aceptación y olvido


Por fin lo he aceptado. Pero aceptarlo de verdad, sin pataleos. Para ello, un gran ejercicio de comprensión y empatía ha sido decisivo. La otra parte, mucho menor, es aceptar que simplemente hay cosas que suceden sin que uno quiera que sea así, que no depende de uno mismo y, pese a todo, hay que aceptarlo y continuar.

De nuevo el pensamiento dominante en mi vida es el presente, lo que estoy haciendo en ese momento. Es fantástico, el día a día es mucho más sencillo, más ligero de equipaje, y la concentración y motivación en las pequeñas cosas es mucho mayor y satisfactoria.

Pero pese a todo, no puedo evitar sentir pena y algo de rabia, por ese "lo que pudo ser y no ha sido". Por las increíbles cosas buenas que han sucedido, y se han quedado ahí, no volverán.

Y por último, pena por el olvido. Saber que hoy estoy mucho mejor que hace unas semanas, o muchísimo mejor que hace un mes. Ver que en esta ocasión, y como en todas las ocasiones, el tiempo ha ido dejando atrás todo lo que entonces fue tan importante. Intensidad, inquietud, nervios, momentos, deseos, impulsos, confianza, contacto, todo.

Es bueno que sea así. Es necesario. Pero aun así, es triste.

viernes, 10 de abril de 2015

Me quiero a mí en tu vida


El camino de vuelta

https://www.youtube.com/watch?v=OSXKbOkGekM


lunes, 6 de abril de 2015

Volviendo al punto de origen

Hoy, después de 6 años (casi 7), siento que he vuelto al mismo punto en una parte importante de mi vida.

El porqué solo podría explicarlo con la inestimable ayuda de mi historia con los videojuegos en particular y el mundo de internet en general.

Desde bien chaval, con 10 añitos, me he sentido muy atraído por los ordenadores y sus programas. Recuerdo que en el primer ordenador que cogí era capaz de pasarme horas y horas dibujando con el paint. Más tarde llegaron los primeros juegos en disquete o en cd-rom. Algo increíble, podía pasar horas con cualquier juego chorra. Simuladores de Game Boy, simuladores de juegos de máquinas recreativas... lo que fuera.

Pocos años después vino la Game Boy Color. Horas y horas, no importaba, disfrutaba como sé que nunca disfrutaré de un videojuego nunca. Y finalmente, tras duras batallas, discusiones, como premio por ser niño bueno y sacar buenas notas, me permitieron comprar de mis ahorros la PlayStation 2. Todo un hito, en un hogar donde internet se veía como el Pecado Original, cuando la gran mayoría de hogares españoles lo tenían parte de su día a día.

Siempre en mi familia, en especial mi madre, mostraba serias reticencias con ese mundillo. "Las maquinitas", creo que las consideraba malas en sí mismas. Y eso, por aquel entonces en plena edad del pavo aumentaba más mi interés por la tecnología ya que en cierto modo era un acto de rebeldía.

Además, nunca he sido de los que socialmente más destacaran en clase. Súmalo a lo anterior, a mi inseguridad, y era un completo viciado de los videojuegos. Gamer les llaman ahora, para quitarles el estigma  de "chavales enfermizos" a los viciados de toda la vida.

¡Ojo! Esto no quiere decir que estuviera todos los días a tope, ni mucho menos. De hecho en casa tenía un horario muy estricto respecto a todo eso, y el castigo general cuando hacía alguna gorda era "la Play", la cual ha llegado a estar varios años consecutivos "castigada", cumpliendo condena más bien. Castigos absurdos que solo respondían al odio de mis familiares a los videojuegos. Pero de eso no es lo que quiero hablar. Lo que quería decir es que era un niño normal como cualquier otro, que también quedaba a jugar al fútbol y "salía a jugar a la calle". Solo que eso formaba parte de mi vida más significativamente que otros chavales de mi edad.

El caso es que desde bien joven, los videojuegos e internet han sido mi vía de escape de la realidad hacia otros mundos (obviamente mejores). Solo que en mi adolescencia estaban muy restringidos y nunca pude explorar todo mi interés en ello.

En bachillerato, cuando había alcanzado cierto grado de madurez, seguridad en mí mismo, y los abusones de clase caían en cursos anteriores; fue en esos dos años donde mejor me he sentido en mi edad "adulta". Empezaba a ser muy consciente del mundo que me rodeaba, de las inmensas posibilidades que me ofrecía la vida y lo más importante para mí: salir de mi pueblo. Murcia y la Universidad eran el Edén, aquel lugar donde podría ser quien quería ser y todo mi potencial saldría disparado. Apunté bien alto, a lo más alto según me dijeron. Me veía un futuro insuperablemente prometedor.

Aun así, aquellos dos años fueron muy buenos para mi criterio de entonces (juzgarlo con el actual no tiene sentido). Me sentía muy integrado con mis compañeros de clase (los años de toda mi vida en los que más lo he conseguido), tenía ganas e ilusión para con la vida, y mucha energía. Y para colmo, descubrí el amor, mi primer amor y encima en aquella edad, con lo cual vivía cada día intensamente.

Pero aquí hablábamos de videojuegos. Llegué a la Universidad, a Murcia, y vi que ninguna era el paraíso que me esperaba (pero con el tiempo sí he comprendido que es el Edén, comparado con mi pueblo, si no hubiese salido de allí no sería ni la cuarta parte de lo que soy). Nada me gustaba, ni la carrera, ni mis compañeros de clase, ni los de la residencia, el estilo de vida que me hacía sentir tan solo... Nada. Entonces encontré el refugio tan deseado en el mundo de internet. Y los videojuegos. Fácilmente casi todos los días los pasaba frente a un ordenador. Compré mi PSP por internet. Entré de lleno en el mundo de "no saber casi nada de la universidad hasta poco antes de los exámenes".

El primer año no fue tan mal, aprobé la mitad de las asignaturas. Pero el segundo toqué fondo, muy fondo. Con el portátil nuevo ese año, y el mundo de World of Warcraft, el mundo real era una opción, opción que no me gustaba nada. Año a la basura. Y me replanteé mi vida. Empecé a ver que me había alejado por completo del proyecto de mí mismo que tenía en mente, y que si no hacía algo YO por solucionarlo no iba a conseguir nada. Sí, fueron dos años a la basura, pero de esa experiencia he aprendido muchísimo.

Comencé psicología, motivado por la carrera y motivado conmigo mismo. También me gustaban mis compañeros de clase. Todo comenzaba a mejorar mucho. Seguía en mi mundo de internet y los videojuegos, pero ya no tan extremo como antes. Sí que era mi forma de evadir la realidad, sí que lo prefería al mundo real en muchos aspectos, pero al menos sabía que tenía que aprobar las asignaturas. Con eso me bastaba, era el mínimo que me exigía, lo cumplía y me autosatisfacía con ello.

Ahora, con la carrera prácticamente terminada, siento que haber sido un "aprueba-exámenes" no satisface mis expectativas de vida, y que estoy todavía a largo camino de mis sueños. Sinceramente, no me martirizo por ello. Sé que tengo la culpa y responsabilidad de ello, pero no sabía por mí mismo lo trascendente de todo aquello; así que lamentarme ahora no me sirve.

¿Y toda esta historia con los videojuegos? Bueno, la conclusión es que en el último mes sé que han dejado de formar esa parte significativa de mi vida. Lo sé. No es algo que sospeche, que me gustaría o desearía que fuese así. Años atrás, cuando veía mi mejor versión de mí mismo, la veía sin estar "enganchado" a los videojuegos, solo algo puntual. Exactamente como lo es ahora. He dejado de jugar a juegos por desinterés, juegos que sé que me gustarían jugar no los he empezado por desinterés -por la mera molestia de ponerme a instalarlos-, otros que podrían gustarme prefiero no probarlos, no prohibiéndomelos como la adolescente estúpida que no se deja comer pastel por no engordar, sino porque no quiero darles ni la oportunidad de mi aprobación. Y solo sigo con Hearthstone por el canal, porque es mi pequeño proyecto personal. Mi forma de demostrarme a mí mismo que tengo cualidades para llegar alto y destacar si me lo propongo. Y por la gente, en cierto modo me siento arropado por ellos, porque creo que sé como se sienten porque yo también he sido (y sigo siendo) espectador y fan de otros muchos youtubers. En los dos últimos meses me había planteado dejarlo, y lo primero que pensaba era en "mi gente".

Todo este rollo, ¿por qué? Acabo de ver una película con dos amigos. Antes de eso, uno de ellos estaba viendo un partido de un videojuego. Durante la película me ha mandado otro amigo un whatsapp sobre una carta que le había tocado. Al acabar la peli el otro ha ido muy entusiasmado a ver la misión que le habían dado para otro. Ya, de camino a casa, me he comparado con ellos y, en definitiva, conmigo mismo hace poco tiempo. La pequeña realización del día era algún objetivo con un videojuego, me hacía muy feliz subir de división o conseguir una llave de doce victorias. Cosas así. Ahora, eso no me atrae nada, lo veo un "sinsentido", pese haber estado ahí siempre, siendo así. Ahora prefiero andar pensando en mis cosas, estar escribiendo esto (sin prisa por acabar para no perder tiempo de echar una partida), tumbarme en mi cama y contemplar mi habitación, o incluso regodearme en mis penas y penurias.

Porque, para mí, los videojuegos siempre fueron principalmente una forma de evadirme de este mundo que odiaba, que detestaba. Ahora prefiero mirarlo tal y como es, porque así consigo mirarme a mí mismo más que como nunca lo he hecho. Me sorprende mucho lo que encuentro, me llena y sobretodo ES LO REAL. Ahora sé que si quiero conseguir todo lo que me proponga, ser quien soy, cumplir mis sueños debo empezar desde YA mismo. Que hay tiempo (joder, solo 24 años), y que un sólo día es mucho más largo de lo que parece, da tiempo a hacer muchas cosas (en especial si no desperdicio la mayoría con videojuegos como he hecho siempre), y yo siempre he sido de esas personas que tienen tiempo para lo que quieran, siempre me he negado y me negaré a ser un esclavo del tiempo, de los que "no tengo tiempo" para nada, ni siquiera lo que ellos mismos dicen que les gustaría hacer.

Como Neo, cuando abre los ojos del mundo de Matrix para ver el real. Lo que veo no es tan ideal, pero es lo real, y quiero luchar para conseguir en él mis sueños. Me quedo con la píldora roja.

viernes, 3 de abril de 2015

La diferencia entre "bueno, bien" y "muy bien"

No ha sido fácil. A quién quiero engañar. Lo peor ha sido la frustración de no poder hacer nada. Nunca había lidiado con esa sensación de impotencia, al menos no tan intensamente. Pero bueno, así aprendo algo nuevo.

No entendí el mensaje bien la primera vez, sí. Pero fue algo muy bueno. Porque para mí fue como un aviso de lo que podría pasar. Me sirvió para activar la maquinaria: buscar amigos, personas que formen parte de mi vida. Esta semana ha sido una de las más angustiosas en mucho tiempo pero, al mismo tiempo, en las que he estado con más amigos diferentes y he hecho más cosas a lo largo de los días.

En otras ocasiones me habría encerrado en mí mismo, en una caótica vorágine de pensamientos e intentos de evasión. Todo el día en la habitación con el ordenador, vaya. Ahora ya no puedo ni quiero hacer eso. Como le dije a mi hermana: "Ahora, como mucho a las dos horas me canso del ordenador. Como una persona normal, vaya" (risas). La verdad es que ahora que lo pienso me siento orgulloso. Siempre he sido de evadir la realidad, donde hay tantas cosas que no me gustan. Ahora prefiero vivirla, con las grandes cosas que no me gustan pero otras tantas que sí. Merece mucho la pena.

He dado un salto cualitativo para ser la persona que quiero ser. Y no se trata de que no me guste como soy, me gusto mucho. Sino, como dice mi coordinador, para "estar más mejor". Sé que puedo estar mucho "más mejor" y es algo muy importante y prioritario para mí. Sacar la mejor versión de mí. Me aproxima a uno de mis mayores propósitos de vida, que es que al final del día me sienta realmente satisfecho de lo vivido ese día.

He vuelto a montar en bici, después de muchos años. ¡Tengo patines nuevos! Mis propios patines, más bien. Y tengo muchísimas ganas de aprender a manejarlos a la perfección. Hoy mismo me he notado con mucha más confianza sobre ellos. Me doy un par de meses para llegar a un nivel con el que estaré muy satisfecho, que es manejarme con mucha soltura. Y aspiraré a más, siempre me ha gustado todo lo que tiene ruedas.

Vaya... He empezado a escribir por lo increíblemente triste que estaba, mi estado predominante esta última semana, y solo estoy hablando de todo lo que he hecho y mejorado. Realmente hacer balance de la situación cambia el punto de vista de uno muchísimo. Me noto por muy buen camino. Ya lo empezaba a ver hace un mes, pero ahora más aún. Me pregunto si el chascazo fue necesario para ello, para que terminara de sentir la necesidad de cambio. Preguntarse si ha sido necesario o no carece de sentido, al igual que no tiene sentido seguir preguntándome el porqué del chascazo. Hay cosas que no entiendo (o sí entiendo pero no consigo hallar tranquilidad con la respuesta), pero aun así hay que seguir adelante, sin perder demasiado tiempo y oportunidades. La realidad es que de una situación muy buena saqué cosas muy positivas, y de otra muy mala estoy sacando la mejor reacción posible, así que sí, me doy un aplauso.

Aun con todo, no puedo dejar de pensar que ojalá las cosas hubieran sido diferentes. Sí, acabo de decir que pensarlo no conduce a nada. Pero es lo que siento, y no voy a negarlo. Solo espero cansarme algún día de la frustración, o simplemente aceptarlo. Ahora mismo el sentimiento es casi el mismo, igual de intenso, igual de puto. La diferencia es que me he acostumbrado, me he adueñado de él y me muevo en torno a eso, como el cojo con unas muletas. Odio las muletas, y más aún odio ser cojo. Pero estoy aprendiendo a usar las muletas. Y, quien sabe, quizás con el tiempo recupere la pierna. No porque se deshaga el accidente de moto que le dejó cojo, sino porque con el tiempo se recuperó la pierna.

En fin, qué bonita la vida, que siempre tiene algo que ofrecer. Y, pese a todo, pese a la cojera, me siento con mucha suerte de vivir todas estas experiencias. Como digo en mi perfil: "Buscador de experiencias, de historias que contar y de otras que añorar." Maldito yo, qué bien me conocía con solo 18, y lo poco que he cambiado en eso.

Ésta será una de mis mejores historias que contar. Lo que más me inquieta es que estoy muy convencido que, al menos durante bastante tiempo, será una historia que voy a añorar. Mucho. Ojalá tuviera una máquina del tiempo, no para cambiar la historia, sino para revivirla.