viernes, 27 de marzo de 2015

Comprendido: aprender a vivir solo

Llevo tanto tiempo sin escribir que me abrumo de pensar todo lo que ha ocurrido desde la última vez que lo hice. He echado un vistazo, desde Diciembre. Lo que ha llovido (y literalmente hablando también). Pero sin duda me quedo con éste último mes.

Sé que por fin se ha cerrado un ciclo. Esta vez lo sé, no es que lo crea o es lo que me gustaría, sino que sé que ha sido así. Y me siento tranquilo por ello. Ya no albergo eso que mantenía vivo todo aquello, eso que es lo último que se pierde y que me hacía creer que al final todo podría salir bien. Me refiero a la esperanza.

Me aferraba a eso en gran parte porque era de lo poco que tenía. Sí, suena muy triste, pero era así. Me gusta vivir la vida con pasión, con intensidad, con fuerza, y esa esperanza era de lo poco que me hacía sentir realmente vivo. Pero eso no era suficiente, y por fin lo he comprendido.

Pero el verdadero motivo de esta entrada es que por fin he comprendido algo muy importante: debo aprender a vivir solo. Sí, era algo que ya sabía antes, que intuía, que me decía a mí mismo y en la "teoría" sabía. Pero la realidad es que no sabía aplicarlo, mejor dicho, no quería aplicarlo.

¿El motivo de no aplicarlo? Es algo muy duro y requiere de mucha responsabilidad. Cuando tú eres dueño de toda tu vida tú eres el principal y único responsable de todo ello. Es una carga muy dura. Es madurar. Pero solo así es como realmente te sientes libre y listo para lo que sea en la vida.

De hecho, lo primero que sentí al comprenderlo (entenderlo, al hacer mío ese concepto), lo que sentí fue alivio. Calma. Sosiego. No sentí el típico "¡eureka!" ni euforia. Fue un "efectivamente", asintiendo la cabeza y comprobando una vez más que por muy directo que te digan las cosas que realmente necesitas, si tú mismo no las buscas y asimilas no forman parte de ti.

La forma de llevar a la práctica ese primer conocimiento ha sido empezar a relacionarme más. Socializar. Llamar a mis amigos, quedar más con los de siempre, retomar los que veo poco, quedar con los que dijimos que alguna vez teníamos que quedar. Quedar para hacer deporte, o más deporte. <> Simple, sencillo, intuitivo. Pero ahora lo hago y sobretodo lo disfruto más que nunca.

La otra forma de llevar a la práctica es lo que no hago. No cometer los mismos errores. Si noto que a alguien le he agobiado, dejar ese espacio, no forzar. ¿Para qué forzar? No me centro ahora en una sola persona. Tengo varias a quien recurrir para tener planes durante toda la semana. Es genial. Y posible, lo que más me sorprende y nunca había hecho. Estúpidamente sencillo, difícil de comprender y hacer. En lugar de esperar a morirme de asco solo en casa, estar durante la semana hablando con los amigos para ver cuando quedamos. No esperar a que me busquen o me llamen, tener yo la iniciativa. Genial, sencillamente genial.

Lo sorprendente son las reacciones en cadena que eso genera. Me hablan más, me buscan más. OBVIO que pasase. En fin. Al menos he llegado a este punto y me alegro mucho.

Y por último, lo que este aprendizaje me ha enseñado es en cuanto a una pareja. Creo que he cambiado mi actitud respecto a ese tema, sólo me falta comprobarlo. Creo que ahora lo concibo como aquello que siempre supe de "debería ser", que es "lo más sano": que cada uno tenga su propia vida y, si a ambos nos va bien, nos encaja y queremos, compartir parte de nuestra vida juntos. Lo sabía, creía que lo hacía, pero no era así.

Mi creencia era más de vivir las cosas con intensidad. Si no es intenso, si no es desde toda la emotividad de mi interior, significaba que no era lo suficientemente bueno o sincero. Con lo cual aceptaba todo lo que venía, fuese un sentimiento bueno o malo para mí. Mientras que fuese intenso me valía.

Ya no. Ya no quiero sufrir más innecesariamente. ¡OJO! Sufrir innecesariamente no significa no exponerme y cerrarme. Si intento algo y no sale bien, o sale bien pero con daños colaterales es sufrimiento, sí, pero merece la pena (incluso si finalmente acaba en ruptura, por así decirlo). Pero no sufrimiento innecesario del tipo "¿estará pensando en mí? No me gusta estar tanto tiempo pensando en ella. ¿Qué siente por mí? ¿Realmente le importo?" y todas esas preguntas que uno mismo se hace sin ninguna finalidad. Ahora pienso que si sale, sale, y genial, de putísima madre, lo pasaremos increíblemente bien. Y si no sale, pues me joderá, me dolerá mucho probablemente, pero no será mi fin del mundo, lo aceptaré y seguiré con mi vida.

Y seguiré con mi vida. De verdad. No como he hecho este último año. No avanzaba.
Y seguiré con mi vida, en serio. Pero si sale bien, será algo con lo que disfrutaré como nunca. Y me hará más feliz.