domingo, 22 de noviembre de 2015

Hoy ha sido un día increíble. Y aún así no puedo evitar al final del día quedarme con una sensación amarga, un sabor agrio. Me siento idiota, puede que no sepa disfrutar de la vida.

Supongo que es la insatisfacción general con mi vida, el no hacer lo que siento que me gustaría más hacer y huir de ello. Ojalá sea eso y no sea la más pura soledad la que me hace sentir así.

La oscuridad. Esa sensación de vacío que me hace sentir que todo es en vano, que al final del final, nada merecerá la pena. Ojalá algún día aprenda a que eso me importe poco. Aunque no dejo de soñar con el ideal, la fantasía, la mentira, el autoengaño... no dejo de soñar con que me equivoco y realmente tiene sentido.

Cobardía. Cobarde.

Y cómodo, sobretodo eso. Esforzándote al mínimo, lo justo hasta para engañarte a ti mismo.

Se me hace tan difícil creer que PUEDE que no esté solo, que probablemente sea eso lo que me aleja de las personas adecuadas. Ojalá esta vez me equivoque, aunque sea en parte, en gran parte, en especial en esa parte. Ya me he equivocado en otra parte, y me he alegrado muchísimo. Ojalá no esté solo.

Voy a dormir. Quizá sea simplemente eso, que no duermo adecuadamente.

martes, 11 de agosto de 2015

Sus dudas se repiten en mí

Vuelvo aquí, después de tanto tiempo, porque no sé de otro lugar al que acudir para expresar con total libertad lo que quiero decir. Y también, seamos sinceros, con la inmadura esperanza de que ella algún día lea esto.

Este verano me he estado acordando muchísimo de ella, pero desde hace unos días más de una semana se ha intensificado muchísimo. Si finalmente no lo he hecho es porque me he convencido de que le haría mucho más daño al volver a hablarle. 

El tiempo me está demostrando que es la persona con la que más he conectado hasta ahora y con quien más fácilmente puedo ser yo. Y me acepta y quiere.

Ahora estoy en un punto de mi vida que podría llamarlo crisis. Al haber casi acabado la carrera, tener un proyecto con YouTube tan prometedor, y no estar nada convencido de querer seguir estudiando más años no sé que hacer con mi futuro. Por otra parte, la necesidad de independizarme la noto más que nunca: no vivir más con mis padres y no tener problemas económicos.

Todo esto me recuerda mucho a las conversaciones que tenía con ella en las que ella tenía estos problemas y realmente la veía mal. Ahora la entiendo, al sufrirlo yo en mi piel. Realmente estoy convencido de que es la persona con la que mejor podría hablar para aclarar mis ideas en todo esto.

Pero la realidad es diferente, no puedo simplemente hacer eso. Entre ella y yo es imposible simplemente hablar, inevitablemente surge siempre algo. O los dos provocamos que surja algo de nuevo, y no me veo con voluntad para evitar eso si volviese a hablarle. Por eso callo. Porque sería repetir la historia otra vez. Yo no tendría problema en correr el riesgo, lo que disfrutaría por su compañía una vez más me merecería la pena si al final acaba la historia como siempre. Pero no puedo decir lo mismo por ella, no quiero hacerle más daño. Así que por ella tragaré con mis inquietudes y problemas.

La quiero, pero no de la forma que ella se merece.

Para acabar, dejo una canción de Marwan que he escuchado hoy y que ha sido el impulso final para escribir esto. Muy descriptiva de todo lo que somos. 

viernes, 5 de junio de 2015

Siempre volvía

Creo que ahora entiendo porque tras un tiempo acababa volviendo hacia ella.

Antes me sentía mal porque creía que era principalmente porque me sentía solo, vacío, sin nadie a quien hablar y, lo más importante, sin nadie quien crea que me entendiese lo que le decía, cómo realmente me sentía y que le interesase sinceramente todo. Y que fuese mutuo. Creía que era principalmente por disponibilidad, la mejor opción.

Nunca estaba conforme con esa razón, pero pensaba que no aceptarlo era la forma de protegerme de verme como un ser egoísta más. Ahora, con el tiempo, creo haber hallado la razón principal.

Y es que, después de tantas rachas solo -ésta última la más pronunciada sin duda-, he visto que realmente estar solo para mí no es un problema. De hecho tiendo a estarlo y me gusta disfrutar de tiempo para mí mismo, organizarlo a mi manera y hacer las cosas como me sale al real gana. La soledad en sí misma ya sé que no es el problema. El problema es lo que proyecta esa soledad, lo que me devuelve: a mí mismo, lo que soy yo.

Me devuelve mi gran lucha interna sobre quien soy y quien me gustaría ser, lo que podría mejorar, las cosas que no me gustan y todas esas paranoias mentales que son casi tan mías como mis lunares o mi efusividad.

La razón principal por la que siempre volvía era que sabía que ella era la única persona que me quería y aceptaba tal y como yo era. Porque era yo, sencillamente, incondicionalmente. Es curioso que tras tantos años y tantas conversaciones, una de las frases que más recuerde sea un día de esos de reconciliación, tras yo hacer una de mis típicas tonterías, ella rió divertida y dijo algo así como "esta es una de las cosas que más me gustan de ti, que haces tonterías sin importarte nada. La gente es muy seria, Javi, muy aburrida". Con ella era simplemente yo, y funcionaba mejor de lo que lo ha hecho con cualquier otra persona. Todo era sincero y sencillo.

¿Por qué lo he entendido ahora? Porque ahora estoy más que nunca en un punto de aceptación de mí mismo desde hace muchos años. Podría remontarme hasta los 18, pero ahora incluso más. De hecho, ahora las cosas me importan y molestan muchísimo menos que antes. Me siento más tranquilo, sin prisas que nunca, y cuando no hago lo que quiero hacer lo noto casi al instante.

Y ahora, cuando me la suda más todo, me acuerdo de ella. La razón es esa.

Pese a todo, es triste. Es triste porque yo no la acepté como era ella, no del todo. Es jodidamente triste que la persona que más me ha querido no haya sido recíproco.

Me encantaría darle las gracias por demostrarme que puedo ser amado tal y como soy. Pero ha de quedarse todo aquí, escondido, para no volver a repetir una vez más una historia cuyo final conozco. "Repetir las mismas acciones y esperar nuevos resultados es un signo de locura..."

martes, 19 de mayo de 2015

jueves, 30 de abril de 2015

Momento mágico en el mundo real

Hace un instante, en la calle he oído a un grupo de chavales cantar una canción. Pero no una canción cualquiera, sino justamente esa canción que evoca tan buenos sentimientos en mí.
He salido al balcón para poder escuchar mejor. Eran cuatro chicos, y entre ellos una chica cantaba increíblemente bien. Me ha gustado muchísimo, tanto que me han entrado muchas ganas a ponerme a cantar con ellos.

Después de este tiempo, y en particular de lo que pasó ayer, que haya sucedido casualmente esto me ha hecho sentir una sensación como mágica, esa sensación que intentan transmitir algunas frases que encuentras por redes o vídeos emotivos que circulan por internet. Solo que esto ha sido real.

Son de estas casualidades tan oportunas que te hacen o bien pensar, o bien confirmar lo ya aprendido con una media sonrisa. Ha sido el segundo caso.

Seguramente este ha sido el momento más estimulante de todo el mes. Por eso quería compartirlo. Claro que, si no llega a ser por ayer, no habría significado tanto.

Cambiar la etiqueta a "transformación" ha sido un gran acierto.

(Tengo que aprender inglés de una vez, no puede ser que no sepa cantar una canción así.)

domingo, 26 de abril de 2015

¿Qué tal el día?

Me gustaría preguntarle qué tal le va. Sinceramente, me gustaría saber como está, qué ha pasado importante en su vida en los últimos tiempos y como se siente sobre ello. O, sino, simplemente que me cuente como le ha ido el día, como le ha ido en esas cosas cotidianas que normalmente no hablas con nadie porque parecen irrelevantes, pero que en realidad son muy personales. Saber si está cansada, agotada, aburrida de la monotonía, o estimulada, motivada por lo que ha aprendido últimamente, y demás cosas.

Pero sé que no es posible. Estaría ella demasiado preocupada por como me estaría sintiendo yo en ese momento con respecto a ella. Si llevo otras intenciones implícitas al empezar a hablar, si estoy "tanteando el terreno", si seguiré igual que siempre... Toda esas cosas. Esas cosas que hacen imposible la amistad una vez que ha habido algo más.

Ojalá que le vaya bien. De verdad. Si tuviera que predecir, apostaría porque todo sigue en su mayoría igual que siempre. Pero de verdad me encantaría que, por fin, haya encontrado aquello que quiere.

viernes, 17 de abril de 2015

Transformación

Las entradas que he ido publicando años atrás hasta hoy han ido con la etiqueta "transición". Siempre he pensado que estaba en una época de tránsito entre quien era y quien quería ser.
Ahora, principalmente motivado por el entendimiento del concepto que uno cambia empezando a trabajar desde hoy mismo, he cambiado la mentalidad. De hecho, en los últimos días siento que la palabra ya no es transición. "Transición" la siento como demasiado pasiva para lo que estoy haciendo.

La palabra adecuada es "transformación". Llámalo cambio si quieres, viene a ser lo mismo.

Tras encontrarme por las redes dos pequeñas frases relativas a ello, me he animado a escribir esto y dejarlas por aquí.

El primero es un retwitt de JPelirrojo. El segundo, típica imagen de facebook.

Dejar de ser "uno mismo" para mejorar no es convertirse en otra persona sino en una mejor. "Yo soy así, nunca cambiaré" está sobrevalorado



De ésta última, me gustaría señalar la transformación de mi pensamiento. Hasta hace poco tiempo, ese "quizá" en realidad habría sido "ojalá", con el sentimiento de esperanza que conlleva. Ahora no espero, me siento mucho mejor así; de hecho todas las épocas de mi vida en las que he sido impaciente son en las que mejor me he encontrado conmigo mismo. No esperar a nadie, hacer las cosas para mí. Necesitaba ese egocentrismo para no quedarme tan jodido cuando alguien me hace daño, y lo he conseguido. Y me alegro mucho por ello.

miércoles, 15 de abril de 2015

Aceptación y olvido


Por fin lo he aceptado. Pero aceptarlo de verdad, sin pataleos. Para ello, un gran ejercicio de comprensión y empatía ha sido decisivo. La otra parte, mucho menor, es aceptar que simplemente hay cosas que suceden sin que uno quiera que sea así, que no depende de uno mismo y, pese a todo, hay que aceptarlo y continuar.

De nuevo el pensamiento dominante en mi vida es el presente, lo que estoy haciendo en ese momento. Es fantástico, el día a día es mucho más sencillo, más ligero de equipaje, y la concentración y motivación en las pequeñas cosas es mucho mayor y satisfactoria.

Pero pese a todo, no puedo evitar sentir pena y algo de rabia, por ese "lo que pudo ser y no ha sido". Por las increíbles cosas buenas que han sucedido, y se han quedado ahí, no volverán.

Y por último, pena por el olvido. Saber que hoy estoy mucho mejor que hace unas semanas, o muchísimo mejor que hace un mes. Ver que en esta ocasión, y como en todas las ocasiones, el tiempo ha ido dejando atrás todo lo que entonces fue tan importante. Intensidad, inquietud, nervios, momentos, deseos, impulsos, confianza, contacto, todo.

Es bueno que sea así. Es necesario. Pero aun así, es triste.

viernes, 10 de abril de 2015

Me quiero a mí en tu vida


El camino de vuelta

https://www.youtube.com/watch?v=OSXKbOkGekM


lunes, 6 de abril de 2015

Volviendo al punto de origen

Hoy, después de 6 años (casi 7), siento que he vuelto al mismo punto en una parte importante de mi vida.

El porqué solo podría explicarlo con la inestimable ayuda de mi historia con los videojuegos en particular y el mundo de internet en general.

Desde bien chaval, con 10 añitos, me he sentido muy atraído por los ordenadores y sus programas. Recuerdo que en el primer ordenador que cogí era capaz de pasarme horas y horas dibujando con el paint. Más tarde llegaron los primeros juegos en disquete o en cd-rom. Algo increíble, podía pasar horas con cualquier juego chorra. Simuladores de Game Boy, simuladores de juegos de máquinas recreativas... lo que fuera.

Pocos años después vino la Game Boy Color. Horas y horas, no importaba, disfrutaba como sé que nunca disfrutaré de un videojuego nunca. Y finalmente, tras duras batallas, discusiones, como premio por ser niño bueno y sacar buenas notas, me permitieron comprar de mis ahorros la PlayStation 2. Todo un hito, en un hogar donde internet se veía como el Pecado Original, cuando la gran mayoría de hogares españoles lo tenían parte de su día a día.

Siempre en mi familia, en especial mi madre, mostraba serias reticencias con ese mundillo. "Las maquinitas", creo que las consideraba malas en sí mismas. Y eso, por aquel entonces en plena edad del pavo aumentaba más mi interés por la tecnología ya que en cierto modo era un acto de rebeldía.

Además, nunca he sido de los que socialmente más destacaran en clase. Súmalo a lo anterior, a mi inseguridad, y era un completo viciado de los videojuegos. Gamer les llaman ahora, para quitarles el estigma  de "chavales enfermizos" a los viciados de toda la vida.

¡Ojo! Esto no quiere decir que estuviera todos los días a tope, ni mucho menos. De hecho en casa tenía un horario muy estricto respecto a todo eso, y el castigo general cuando hacía alguna gorda era "la Play", la cual ha llegado a estar varios años consecutivos "castigada", cumpliendo condena más bien. Castigos absurdos que solo respondían al odio de mis familiares a los videojuegos. Pero de eso no es lo que quiero hablar. Lo que quería decir es que era un niño normal como cualquier otro, que también quedaba a jugar al fútbol y "salía a jugar a la calle". Solo que eso formaba parte de mi vida más significativamente que otros chavales de mi edad.

El caso es que desde bien joven, los videojuegos e internet han sido mi vía de escape de la realidad hacia otros mundos (obviamente mejores). Solo que en mi adolescencia estaban muy restringidos y nunca pude explorar todo mi interés en ello.

En bachillerato, cuando había alcanzado cierto grado de madurez, seguridad en mí mismo, y los abusones de clase caían en cursos anteriores; fue en esos dos años donde mejor me he sentido en mi edad "adulta". Empezaba a ser muy consciente del mundo que me rodeaba, de las inmensas posibilidades que me ofrecía la vida y lo más importante para mí: salir de mi pueblo. Murcia y la Universidad eran el Edén, aquel lugar donde podría ser quien quería ser y todo mi potencial saldría disparado. Apunté bien alto, a lo más alto según me dijeron. Me veía un futuro insuperablemente prometedor.

Aun así, aquellos dos años fueron muy buenos para mi criterio de entonces (juzgarlo con el actual no tiene sentido). Me sentía muy integrado con mis compañeros de clase (los años de toda mi vida en los que más lo he conseguido), tenía ganas e ilusión para con la vida, y mucha energía. Y para colmo, descubrí el amor, mi primer amor y encima en aquella edad, con lo cual vivía cada día intensamente.

Pero aquí hablábamos de videojuegos. Llegué a la Universidad, a Murcia, y vi que ninguna era el paraíso que me esperaba (pero con el tiempo sí he comprendido que es el Edén, comparado con mi pueblo, si no hubiese salido de allí no sería ni la cuarta parte de lo que soy). Nada me gustaba, ni la carrera, ni mis compañeros de clase, ni los de la residencia, el estilo de vida que me hacía sentir tan solo... Nada. Entonces encontré el refugio tan deseado en el mundo de internet. Y los videojuegos. Fácilmente casi todos los días los pasaba frente a un ordenador. Compré mi PSP por internet. Entré de lleno en el mundo de "no saber casi nada de la universidad hasta poco antes de los exámenes".

El primer año no fue tan mal, aprobé la mitad de las asignaturas. Pero el segundo toqué fondo, muy fondo. Con el portátil nuevo ese año, y el mundo de World of Warcraft, el mundo real era una opción, opción que no me gustaba nada. Año a la basura. Y me replanteé mi vida. Empecé a ver que me había alejado por completo del proyecto de mí mismo que tenía en mente, y que si no hacía algo YO por solucionarlo no iba a conseguir nada. Sí, fueron dos años a la basura, pero de esa experiencia he aprendido muchísimo.

Comencé psicología, motivado por la carrera y motivado conmigo mismo. También me gustaban mis compañeros de clase. Todo comenzaba a mejorar mucho. Seguía en mi mundo de internet y los videojuegos, pero ya no tan extremo como antes. Sí que era mi forma de evadir la realidad, sí que lo prefería al mundo real en muchos aspectos, pero al menos sabía que tenía que aprobar las asignaturas. Con eso me bastaba, era el mínimo que me exigía, lo cumplía y me autosatisfacía con ello.

Ahora, con la carrera prácticamente terminada, siento que haber sido un "aprueba-exámenes" no satisface mis expectativas de vida, y que estoy todavía a largo camino de mis sueños. Sinceramente, no me martirizo por ello. Sé que tengo la culpa y responsabilidad de ello, pero no sabía por mí mismo lo trascendente de todo aquello; así que lamentarme ahora no me sirve.

¿Y toda esta historia con los videojuegos? Bueno, la conclusión es que en el último mes sé que han dejado de formar esa parte significativa de mi vida. Lo sé. No es algo que sospeche, que me gustaría o desearía que fuese así. Años atrás, cuando veía mi mejor versión de mí mismo, la veía sin estar "enganchado" a los videojuegos, solo algo puntual. Exactamente como lo es ahora. He dejado de jugar a juegos por desinterés, juegos que sé que me gustarían jugar no los he empezado por desinterés -por la mera molestia de ponerme a instalarlos-, otros que podrían gustarme prefiero no probarlos, no prohibiéndomelos como la adolescente estúpida que no se deja comer pastel por no engordar, sino porque no quiero darles ni la oportunidad de mi aprobación. Y solo sigo con Hearthstone por el canal, porque es mi pequeño proyecto personal. Mi forma de demostrarme a mí mismo que tengo cualidades para llegar alto y destacar si me lo propongo. Y por la gente, en cierto modo me siento arropado por ellos, porque creo que sé como se sienten porque yo también he sido (y sigo siendo) espectador y fan de otros muchos youtubers. En los dos últimos meses me había planteado dejarlo, y lo primero que pensaba era en "mi gente".

Todo este rollo, ¿por qué? Acabo de ver una película con dos amigos. Antes de eso, uno de ellos estaba viendo un partido de un videojuego. Durante la película me ha mandado otro amigo un whatsapp sobre una carta que le había tocado. Al acabar la peli el otro ha ido muy entusiasmado a ver la misión que le habían dado para otro. Ya, de camino a casa, me he comparado con ellos y, en definitiva, conmigo mismo hace poco tiempo. La pequeña realización del día era algún objetivo con un videojuego, me hacía muy feliz subir de división o conseguir una llave de doce victorias. Cosas así. Ahora, eso no me atrae nada, lo veo un "sinsentido", pese haber estado ahí siempre, siendo así. Ahora prefiero andar pensando en mis cosas, estar escribiendo esto (sin prisa por acabar para no perder tiempo de echar una partida), tumbarme en mi cama y contemplar mi habitación, o incluso regodearme en mis penas y penurias.

Porque, para mí, los videojuegos siempre fueron principalmente una forma de evadirme de este mundo que odiaba, que detestaba. Ahora prefiero mirarlo tal y como es, porque así consigo mirarme a mí mismo más que como nunca lo he hecho. Me sorprende mucho lo que encuentro, me llena y sobretodo ES LO REAL. Ahora sé que si quiero conseguir todo lo que me proponga, ser quien soy, cumplir mis sueños debo empezar desde YA mismo. Que hay tiempo (joder, solo 24 años), y que un sólo día es mucho más largo de lo que parece, da tiempo a hacer muchas cosas (en especial si no desperdicio la mayoría con videojuegos como he hecho siempre), y yo siempre he sido de esas personas que tienen tiempo para lo que quieran, siempre me he negado y me negaré a ser un esclavo del tiempo, de los que "no tengo tiempo" para nada, ni siquiera lo que ellos mismos dicen que les gustaría hacer.

Como Neo, cuando abre los ojos del mundo de Matrix para ver el real. Lo que veo no es tan ideal, pero es lo real, y quiero luchar para conseguir en él mis sueños. Me quedo con la píldora roja.

viernes, 3 de abril de 2015

La diferencia entre "bueno, bien" y "muy bien"

No ha sido fácil. A quién quiero engañar. Lo peor ha sido la frustración de no poder hacer nada. Nunca había lidiado con esa sensación de impotencia, al menos no tan intensamente. Pero bueno, así aprendo algo nuevo.

No entendí el mensaje bien la primera vez, sí. Pero fue algo muy bueno. Porque para mí fue como un aviso de lo que podría pasar. Me sirvió para activar la maquinaria: buscar amigos, personas que formen parte de mi vida. Esta semana ha sido una de las más angustiosas en mucho tiempo pero, al mismo tiempo, en las que he estado con más amigos diferentes y he hecho más cosas a lo largo de los días.

En otras ocasiones me habría encerrado en mí mismo, en una caótica vorágine de pensamientos e intentos de evasión. Todo el día en la habitación con el ordenador, vaya. Ahora ya no puedo ni quiero hacer eso. Como le dije a mi hermana: "Ahora, como mucho a las dos horas me canso del ordenador. Como una persona normal, vaya" (risas). La verdad es que ahora que lo pienso me siento orgulloso. Siempre he sido de evadir la realidad, donde hay tantas cosas que no me gustan. Ahora prefiero vivirla, con las grandes cosas que no me gustan pero otras tantas que sí. Merece mucho la pena.

He dado un salto cualitativo para ser la persona que quiero ser. Y no se trata de que no me guste como soy, me gusto mucho. Sino, como dice mi coordinador, para "estar más mejor". Sé que puedo estar mucho "más mejor" y es algo muy importante y prioritario para mí. Sacar la mejor versión de mí. Me aproxima a uno de mis mayores propósitos de vida, que es que al final del día me sienta realmente satisfecho de lo vivido ese día.

He vuelto a montar en bici, después de muchos años. ¡Tengo patines nuevos! Mis propios patines, más bien. Y tengo muchísimas ganas de aprender a manejarlos a la perfección. Hoy mismo me he notado con mucha más confianza sobre ellos. Me doy un par de meses para llegar a un nivel con el que estaré muy satisfecho, que es manejarme con mucha soltura. Y aspiraré a más, siempre me ha gustado todo lo que tiene ruedas.

Vaya... He empezado a escribir por lo increíblemente triste que estaba, mi estado predominante esta última semana, y solo estoy hablando de todo lo que he hecho y mejorado. Realmente hacer balance de la situación cambia el punto de vista de uno muchísimo. Me noto por muy buen camino. Ya lo empezaba a ver hace un mes, pero ahora más aún. Me pregunto si el chascazo fue necesario para ello, para que terminara de sentir la necesidad de cambio. Preguntarse si ha sido necesario o no carece de sentido, al igual que no tiene sentido seguir preguntándome el porqué del chascazo. Hay cosas que no entiendo (o sí entiendo pero no consigo hallar tranquilidad con la respuesta), pero aun así hay que seguir adelante, sin perder demasiado tiempo y oportunidades. La realidad es que de una situación muy buena saqué cosas muy positivas, y de otra muy mala estoy sacando la mejor reacción posible, así que sí, me doy un aplauso.

Aun con todo, no puedo dejar de pensar que ojalá las cosas hubieran sido diferentes. Sí, acabo de decir que pensarlo no conduce a nada. Pero es lo que siento, y no voy a negarlo. Solo espero cansarme algún día de la frustración, o simplemente aceptarlo. Ahora mismo el sentimiento es casi el mismo, igual de intenso, igual de puto. La diferencia es que me he acostumbrado, me he adueñado de él y me muevo en torno a eso, como el cojo con unas muletas. Odio las muletas, y más aún odio ser cojo. Pero estoy aprendiendo a usar las muletas. Y, quien sabe, quizás con el tiempo recupere la pierna. No porque se deshaga el accidente de moto que le dejó cojo, sino porque con el tiempo se recuperó la pierna.

En fin, qué bonita la vida, que siempre tiene algo que ofrecer. Y, pese a todo, pese a la cojera, me siento con mucha suerte de vivir todas estas experiencias. Como digo en mi perfil: "Buscador de experiencias, de historias que contar y de otras que añorar." Maldito yo, qué bien me conocía con solo 18, y lo poco que he cambiado en eso.

Ésta será una de mis mejores historias que contar. Lo que más me inquieta es que estoy muy convencido que, al menos durante bastante tiempo, será una historia que voy a añorar. Mucho. Ojalá tuviera una máquina del tiempo, no para cambiar la historia, sino para revivirla.

viernes, 27 de marzo de 2015

Comprendido: aprender a vivir solo

Llevo tanto tiempo sin escribir que me abrumo de pensar todo lo que ha ocurrido desde la última vez que lo hice. He echado un vistazo, desde Diciembre. Lo que ha llovido (y literalmente hablando también). Pero sin duda me quedo con éste último mes.

Sé que por fin se ha cerrado un ciclo. Esta vez lo sé, no es que lo crea o es lo que me gustaría, sino que sé que ha sido así. Y me siento tranquilo por ello. Ya no albergo eso que mantenía vivo todo aquello, eso que es lo último que se pierde y que me hacía creer que al final todo podría salir bien. Me refiero a la esperanza.

Me aferraba a eso en gran parte porque era de lo poco que tenía. Sí, suena muy triste, pero era así. Me gusta vivir la vida con pasión, con intensidad, con fuerza, y esa esperanza era de lo poco que me hacía sentir realmente vivo. Pero eso no era suficiente, y por fin lo he comprendido.

Pero el verdadero motivo de esta entrada es que por fin he comprendido algo muy importante: debo aprender a vivir solo. Sí, era algo que ya sabía antes, que intuía, que me decía a mí mismo y en la "teoría" sabía. Pero la realidad es que no sabía aplicarlo, mejor dicho, no quería aplicarlo.

¿El motivo de no aplicarlo? Es algo muy duro y requiere de mucha responsabilidad. Cuando tú eres dueño de toda tu vida tú eres el principal y único responsable de todo ello. Es una carga muy dura. Es madurar. Pero solo así es como realmente te sientes libre y listo para lo que sea en la vida.

De hecho, lo primero que sentí al comprenderlo (entenderlo, al hacer mío ese concepto), lo que sentí fue alivio. Calma. Sosiego. No sentí el típico "¡eureka!" ni euforia. Fue un "efectivamente", asintiendo la cabeza y comprobando una vez más que por muy directo que te digan las cosas que realmente necesitas, si tú mismo no las buscas y asimilas no forman parte de ti.

La forma de llevar a la práctica ese primer conocimiento ha sido empezar a relacionarme más. Socializar. Llamar a mis amigos, quedar más con los de siempre, retomar los que veo poco, quedar con los que dijimos que alguna vez teníamos que quedar. Quedar para hacer deporte, o más deporte. <> Simple, sencillo, intuitivo. Pero ahora lo hago y sobretodo lo disfruto más que nunca.

La otra forma de llevar a la práctica es lo que no hago. No cometer los mismos errores. Si noto que a alguien le he agobiado, dejar ese espacio, no forzar. ¿Para qué forzar? No me centro ahora en una sola persona. Tengo varias a quien recurrir para tener planes durante toda la semana. Es genial. Y posible, lo que más me sorprende y nunca había hecho. Estúpidamente sencillo, difícil de comprender y hacer. En lugar de esperar a morirme de asco solo en casa, estar durante la semana hablando con los amigos para ver cuando quedamos. No esperar a que me busquen o me llamen, tener yo la iniciativa. Genial, sencillamente genial.

Lo sorprendente son las reacciones en cadena que eso genera. Me hablan más, me buscan más. OBVIO que pasase. En fin. Al menos he llegado a este punto y me alegro mucho.

Y por último, lo que este aprendizaje me ha enseñado es en cuanto a una pareja. Creo que he cambiado mi actitud respecto a ese tema, sólo me falta comprobarlo. Creo que ahora lo concibo como aquello que siempre supe de "debería ser", que es "lo más sano": que cada uno tenga su propia vida y, si a ambos nos va bien, nos encaja y queremos, compartir parte de nuestra vida juntos. Lo sabía, creía que lo hacía, pero no era así.

Mi creencia era más de vivir las cosas con intensidad. Si no es intenso, si no es desde toda la emotividad de mi interior, significaba que no era lo suficientemente bueno o sincero. Con lo cual aceptaba todo lo que venía, fuese un sentimiento bueno o malo para mí. Mientras que fuese intenso me valía.

Ya no. Ya no quiero sufrir más innecesariamente. ¡OJO! Sufrir innecesariamente no significa no exponerme y cerrarme. Si intento algo y no sale bien, o sale bien pero con daños colaterales es sufrimiento, sí, pero merece la pena (incluso si finalmente acaba en ruptura, por así decirlo). Pero no sufrimiento innecesario del tipo "¿estará pensando en mí? No me gusta estar tanto tiempo pensando en ella. ¿Qué siente por mí? ¿Realmente le importo?" y todas esas preguntas que uno mismo se hace sin ninguna finalidad. Ahora pienso que si sale, sale, y genial, de putísima madre, lo pasaremos increíblemente bien. Y si no sale, pues me joderá, me dolerá mucho probablemente, pero no será mi fin del mundo, lo aceptaré y seguiré con mi vida.

Y seguiré con mi vida. De verdad. No como he hecho este último año. No avanzaba.
Y seguiré con mi vida, en serio. Pero si sale bien, será algo con lo que disfrutaré como nunca. Y me hará más feliz.