miércoles, 26 de noviembre de 2014

El desayuno

Habla por sí solo, no necesito comentarlo.

  Me gustas cuando dices tonterías, 
cuando metes la pata, cuando mientes, 
cuando te vas de compras con tu madre 
y llego tarde al cine por tu culpa.
Me gustas más cuando es mi cumpleaños
y me cubres de besos y de tartas,
o cuando eres feliz y se te nota,
o cuando eres genial con una frase
que lo resume todo, o cuando ríes
(tu risa es una ducha en el infierno),
o cuando me perdonas un olvido.
Pero aún me gustas más, tanto que casi
no puedo resistir lo que me gustas,
cuando, llena de vida, te despiertas
y lo primero que haces es decirme:
«Tengo un hambre feroz esta mañana.
Voy a empezar contigo el desayuno».


"El desayuno". De Luis Alberto de Cuenca

domingo, 23 de noviembre de 2014

Vamos, lo normal

Las cosas empezaron bien, nos vimos unos días. Cine, mantas, risas, cervezas, maquillando el pasado para parecer más de lo que somos… vamos, lo normal. Así unos días, hasta que uno de los dos pidió algo más. Ese fue el punto de ruptura para que el terreno que pisábamos comenzara a desnivelarse. Vinieron entonces los pretextos, los regates, los mensajes a deshora, las llamadas distanciadas en el tiempo… vamos, lo normal. Se empezó a cumplir esa extraña teoría de que el amor son vasos comunicantes donde uno quiere y otro se deja querer. Al final, con el corazón sin presupuesto, tú te cansaste de perseguir, de no encontrar las llaves que abrían las puertas de mi alma y una buena tarde, después de unas semanas dándote excusas para no verte, me enteré de que volabas en otro colchón, con otro que no era yo. Y yo, que tantas veces te esquivé, comencé a quererte. Vamos, lo normal.


"La triste historia de tu cuerpo sobre el mío", Marwan

viernes, 21 de noviembre de 2014

Hombre en Reddit se arrepiente de su vida actual

Retomando viejas costumbres, voy a postear una cosilla que he encontrado por las redes sociales y que me gustaría darle una atención especial. Puede que lo retome como algo habitual.

Trata sobre John, un hombre de 46 años que dejó en reddit, en la sección TIFU (Today, I'm fucked up), un post hablando sobre lo insatisfecho que está con su vida. Me ha calado muy hondo ya que muchas veces he sentido que si seguía con cierta actitud mi futuro podría ser así de insatisfecho, o simplemente que temo mucho acabar así en la vida. Para mí, la vida, tenga sentido o no, es lo único que tengo, por eso quiero tanto aprovecharla y por lo tanto temo tanto lo contrario.

Sin más os dejo con la historia de John.



Hola, mi nombre es John.
Estuve dudando por un tiempo, pero finalmente tuve las ganas para escribir esto. Necesito sacarme mi vida de encima.
Sobre mí: soy un banquero de 46 años y he vivido toda mi vida hacia la dirección contraria a lo que quería. Todos mis sueños, mis pasiones, se fueron. En un trabajo estable de 9 a 7. Seis días a la semana. Por 26 años. Siempre escogí el camino fácil de las cosas, lo que eventualmente cambió quien yo era.

Hoy supe que mi mujer me ha estado engañando los últimos 10 años. Ella dijo que yo ya no era la misma persona de la que se enamoró. Y tenía razón. Mi hijo no siente nada por mí. Me di cuenta que falté al funeral de mi padre POR NADA. No terminé mi novela, ni viajé por el mundo ayudando a mendigos. Todas estas cosas que yo pensaba que tenía muy claras de mí en mi adolescencia  y en mis veintitantos. Si mi yo joven se encontrara conmigo, me habría pegado en la cara. Habría sabido como todos esos sueños se rompían rápidamente.

Empecemos con una descripción mía cuando yo tenía 20. Parece que fue ayer cuando estaba seguro de que yo iba a cambiar el mundo. Las personas me querían y yo quería a las personas. Era innovador, creativo, espontáneo, arriesgado y una gran persona. Tenía dos sueños. El primero era escribir un libro. El segundo, era viajar por el mundo ayudando a la gente pobre y a quienes viven en las calles.
En ese entonces llevaba 4 años saliendo con mi mujer. Un amor joven. Ella amaba mi espontaneidad, mi energía, mi habilidad para hacer que las personas se rieran y se sintieran amadas.

Sabía que mi libro iba a cambiar el mundo. Mostraría la perspectiva de lo “malo” y “retorcido”, mostrando a mis lectores que todos pensamos diferente, que las personas nunca piensan que lo que hacen está mal.Llevaba 70 páginas cuando tenía 20. Aún llevo las mismas 70 páginas en mis 46. A los 20, me fui mochileando por Nueva Zelanda y Filipinas. Planeé hacer todo Asia, luego Europa y luego América (Yo vivía en Australia). Hasta hoy, solo fui a Nueva Zelanda y las Filipinas.
Ahora, llegamos a todo lo que salió mal. Mi más grande arrepentimiento. Tenía 20. Era hijo único, Necesitaba estar estable. Necesitaba tomar ese trabajo de graduado, al cual me dediqué toda la vida.

Entregar mi vida en un trabajo de 9 a 7. ¿Qué estaba pensando? ¿Cómo podía vivir, cuando el trabajo era mi vida? Después de llegar a casa, cenaba, preparaba mi trabajo para el día siguiente y me acostaba a las 10pm para levantarme a las 6am al día siguiente. Dios, no puedo recordar la última vez que hice el amor con mi señora.

Ayer, mi señora me admitió que me estaba engañando por lo últimos 10 años. 10 años. Eso parece una eternidad, pero yo lo podía entender. Ni si quiera me dolía. Ella dijo que fue porque cambié. No soy la misma persona que era. ¿Qué estuve haciendo los últimos 10 años? Además de trabajar, no puedo decir nada más. No ser un buen marido. No ser YO.



Encontrado gracias a Espe.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Víctor y los sentimientos

Hace unos años conocí a Nuria. Por lo poco que pude conocer de ella entonces fue que era diferente. Diferente al resto de personas que había conocido hasta entonces. No podría definir con exactitud a qué me refiero con diferente, solo que es ese el sentimiento que tenía entonces.

Ella, sin que se lo propusiera, me mostró este vídeo. Eso desencadenó una serie de cosas que a día de hoy me han influido mucho. Por resumir, me ayudó a reconciliarme un poco con la música en general. -Yo nunca he sido de escuchar mucha música, tener grupos favoritos o identificarme con un grupo. Desde hacía mucho tiempo no escuchaba música afín a mis sentimientos para entonces contemporáneos a mi persona. Con ese grupo lo conseguí. Tras acercarme un poco más a esa música acabé topando con otra música. Luego, volví a retomar mi difícil relación con la guitarra. Y muchas más pequeñas cosas que me ayudaron a definir aquellos años y, en definitiva quien soy yo ahora-.

Una noche, la noche que quedamos todos a cenar, acabamos dentro de una discoteca. En ese lugar extraño y ajeno a mí, lo acogí aquella noche solo por diversión. Por una noche no pasa nada. Entonces la vi a ella en, lo que a mi parecer, fue un beso largo y tendido con un chico -a día de hoy tengo dudas sobre ese recuerdo, no podría asegurar que fue eso lo que exactamente vi, pero sí tengo claro el sentimiento: pesar. Ella me gustaba-.

Tiempo después y para mi sorpresa, se acercó a mí, empezó a bailar conmigo. -Justo lo que quería que pasase cuando entré en la discoteca. Pero entonces había visto lo de aquel chico, y ya mi interés hacia ella cambió, pese a que hubiese estado bien que pasara algo-. El bailoteo era extraño para mí, como lo era la discoteca. El baile entre los dos duró más de lo que un baile casual amistoso debiera durar -o mi deseo de que ella sintiera interés por mí me hizo creerlo así-. Fue entonces cuando ella empezó a tirar de mi corbata hacia ella. Lo interpreté como una invitación a algo más "cercano" -fuese verdad o no-, por lo que me puse muy reacio, tenso y resistí la fuerza de su brazo atrayéndome a ella. Seguía con el bailoteo pero manteniendo la distancia y ya, cuando ella se frustró de tirar -si es que esa fuese su intención-, deshizo el nudo de mi corbata y, ¡sorpresa! Se la llevó.

A lo largo de esa noche se la pedí. Pero eso no importa. Lo importante es que siempre me he quedado con la duda de si interpreté las cosas como fueron. ¿Tenía ella interés por mí? ¿Se estaba besando con aquel chico o fue mala interpretación mía? Si hubiese cedido al tirón de corbata, ¿qué hubiese pasado? -Por aquel entonces mi mente era mucho más rígida que ahora. Haber visto lo que vi o creí ver con aquel otro chico hizo que mi orgullo no me permitiera aquel hipotético acercamiento-. A día de hoy sigo preguntándome qué vi y, sobretodo, qué hubiese pasado si no me hubiese puesto reacio a acercarme a ella entonces. Me pregunto qué interpretaría ella entonces, si le parecí un estirado -por entonces, dar esa imagen me importaba mucho, en sentido de que me molestaba-, si realmente era algo de "tonteo" o solo era parte del baile. Y sobretodo si a día de hoy lo recuerda -estoy seguro de que no-.


Desde entonces y a lo largo de los años mantuvimos esporádicamente el contacto. Siempre fue alguien agradable con quien hablar y, sobretodo hablar de cosas que importaban. Muy atípico ya que realmente nos conocíamos poco. Pero lo que he dicho antes, ella siempre me pareció diferente, por lo que creía que podía y me apetecía hacerlo.


Este año volvimos a vernos. Por fin pude conocerla. Fue una experiencia muy enriquecedora para mí. Conocer a Nuria bien, después de tantos años, fue un "ya era hora". Ese diferente se certificó y transformó en la complejidad de la persona que conozco hoy día y que aprecio tanto. Los sentimientos, bueno, fue algo que simplemente surgió. Creo que la mejor forma de hablar de ellos es con la escena de aquel día.

Me senté a su lado, a su derecha. La saludé. Ella no me devolvió el saludo, parecía muy concentrada en lo que estaba escribiendo. El chico que estaba frente a nosotros le habló y ella le respondió. Y entonces, solo cuando terminó lo que estaba haciendo, tranquilamente pero con fuerza se giró hacia mi lado y me saludó con una sonrisa: "Hola, Víctor". Una fuerte sensación subió desde mi vientre hasta salir por mi nariz, para luego volver a entrar y recuperar el aire. Qué impactante. Fue la calma para acabar lo que estaba haciendo, sin prisas, y luego ya girarse con la mejor de sus sonrisas para saludarme; como si, una vez acabado todo lo trivial pudiésemos pasar a lo importante. Y qué sonrisa. Qué bonita, su cara, redondeada...

Luego, la mirada en general. Mirar a los ojos. De tú a tú, tranquilamente pero sin esfuerzo. Sencillamente magnífico. Una amiga a la que le conté esto me lo explicó: "Normal que te impacte tanto, Víctor. Esta chica es segura consigo misma. Lo de la mirada, lo de terminar sus cosas y saludarte, es mucha seguridad en ella. Tú no estás acostumbrado a chicas así, por eso te ha gustado tanto". Tenía razón.

Veía un fuerte interés de Nuria en conocerme. Eso, incauto de mí, me daba esperanzas.

Entonces, estaba deseando quedar con ella algún día, y que algún contexto se diese para poder mostrarle lo que sentía por ella de una forma única y muy auténtica: quería tocar y cantar con la guitarra aquella canción que ella me mostró sin proponérselo para ella. Tras terminar, y solo tras terminar, no le diría que me gusta; sino darle las gracias porque tiempo atrás ella me mostró aquella canción que me marcó tanto y que, cuando decidí aprenderla hace años con la guitarra, el primer pensamiento tonto y fantasioso que tuve fue en tocársela a ella, que se diese justo ese preciso instante para poder agradecérselo -lo cual no sería una estratagema para ligar, sino que es la realidad-.

Estaba convencido de que si ella sentía algo por mí, tras ese momento ella lo mostraría y sería el principio de algo muy muy bueno, muy sentimental e intenso. Si algo he tenido claro siempre es que un hipotético Víctor-Nuria sería algo espectacular. Brutal.

Pero la realidad siempre es distinta a los deseos de uno. Por eso esto no es un relato de amor, sino uno autobiográfico. La realidad fue que eso era materialmente imposible que pasase.

Al principio me dolió. Pero pronto acepté que era así y, al no ser rechazado yo, sino que era algo materialmente imposible, no sentí rechazo hacia Nuria. Por suerte mis pensamientos y mis sentimientos no me hicieron estúpido. No me hicieron creer que, porque aquella vez hace tantos años en la que creí que ella intentó algo conmigo, ahora podría pasar algo. No me aferré a eso. Sino a la realidad.

Me siento bien, porque ahora tengo a una persona increíble que forma parte importante de mi vida. Sí, podría y me hubiese gustado que fuese mucho más. Pese a todo, está bien. De verdad.

Aún así quería escribir esto, en honor a mis sentimientos, a esos pequeños bastardos que me acompañan día tras día dándome esperanzas de encontrar a alguien,  que valore tanto las muestras de afecto, que mis sentimientos sean mi marca personal, que me definan, que pensar en ellos me haga sentir yo, en lo más profundo e íntimo lo que hace que ame vivir la vida. En que crea en el amor, en el amor sobre todas las cosas.

Pese a que no han sido correspondidos mis sentimientos, hoy, con estas letras, hago un homenaje a esos sentimientos perdidos, esos deseos de lo que pudo pasar, esas fantasías y planes sobre lo que haríamos juntos, sobre las canciones de guitarra que cantaríamos juntos... Por ellos y, al fin y al cabo, por mi.

De Víctor para Nuria -algún día-.
De Víctor para Víctor.