viernes, 26 de septiembre de 2014

Gente nueva

Hacía tanto tiempo que no conocía a gente nueva que había olvidado como era. Es mucho mejor de lo que pensaba.

A ver, he conocido gente en clase, pero era otro ambiente, en el que la gente va a clase, no a conocer a otros. A lo que me refiero más bien es a conocer tal cual, quedar con gente y entonces conocer gente nueva.

Ahora recuerdo la última vez donde me pasó eso y que también me sentí bien: en el campus de teatro, ya demasiados años atrás. En el resto de entornos donde he conocido gente había otro ambiente, demasiado diferente. Como cuando entré a la residencia universitaria, o directamente los grupos de clase de universidad. Era otro conocer gente diferente, y desde mi punto de vista, demasiado influenciado por el alcohol. O la cachimba. O el porrico. En fin, eso no es de lo que quiero hablar, aunque sería interesante hacer algún día una crítica a esa forma de relacionarse entre la gente joven, la gente de mi edad. Por suerte yo siempre tuve claro que eso no me gustaba, que no iba conmigo, pese a que a veces lo intentaba; por mala suerte eso no me ha ayudado a acercarme a gente, incluso ha ayudado mucho a que me aleje de algunas personas. Ahora mismo pienso en una.

Volviendo al tema. Gente nueva. Al hablar con ellos, contarles cosas de ti desde cero, qué haces, quién eres, qué piensas de los temas que salen, etcétera. Y conocer nuevas caras, formas de pensar, de ser y sentir la vida. Es renovador. Si que ellos lo sepan me han aportado cosas nuevas, ya sean conocimientos nuevos o bien formas diferentes de ver la vida.

Últimamente yo estaba -y probablemente sigo en parte- encabronao, como continuamente enfadado, no llega pero parecido a amargado. Bastantes cosas malas en los últimos tiempos y sobretodo pocas satisfacciones o cosas que me llenan y me realicen.
Ese últimamente es relativo. A voz de pronto podría remontarse a este verano, por la ruptura y eso. Pero rápidamente veo que no, que ya el curso pasado no estaba muy feliz con las cosas. La frase es que me molestaba bastante todo. Y cuando te molesta casi todo, solo haces dos cosas: o bien las enfrentas y estás jodido durante ello y sin ver progresos a corto plazo; o bien las evitas y pasas de todo, de la vida, la realidad y hasta de los propios sentimientos. Esto último creo que lo llevo a menos en estas últimas semanas, una muestra es que estoy escribiendo más. Pero si pienso en eso, en evitar las cosas, probablemente sería más honesto pensar en que mi no afrontación de la vida puede remontarse muchos años atrás. Probablemente hasta la fecha de inicio de este blog, 2008, es decir, desde que pisé la Universidad.

La Universidad, ese paraíso prometido para los que se merecían algo mejor que vivir toda una vida en el pueblo (mi pueblo), resultó no ser un paraíso, ni ser la cumbre del conocimiento, ni ser el lugar donde podría encontrar muchas personas afines a mí con facilidad. Resultó ser un lugar más del mundo donde había gente normal y corriente, como la de mi pueblo, como yo.

Qué ingenuo era. Qué joven. Ahora entiendo porqué me gustaba decirle a cierta persona que me hacía sentir joven. Sentía que el mundo sí podía ser ese lugar donde podría cumplir todos mis sueños.

Sé que es así. Lo razono y lo sé. Pero no lo siento, no estoy convencido de corazón de que sea así. Razón gana a Corazón, como suele pasar. Pero el uno sin el otro... Ambos soy yo.

En fin, divagaciones a un lado.

Primero de carrera fue el año donde esperaba poder dar el primer paso para darle un bocado al mundo que acabaría por poseer. "Hacer algo grande", mi mayor secreto y aspiración. Ahora me siento más lejos que cuando tenía la fuerza e ilusión de 18 años. La realidad es que estoy mucho más cerca, lo sé. Pero no es el camino ideal de realización personal que esperaba encontrar.

Me he encontrado con personas como yo, con dudas, con inquietudes, con ganas de pasar de todo y evadirse, sin ganas de pensar, con ganas de divertirse, de estar bien. Gente normal. Gente como yo. Qué estúpida era la creencia de que en la Universidad encontraría gente filosofando sobre la vida, hablando constructivamente de política, sensible.

No. Qué estúpida era la creencia de que encontraría esas personas tan fácilmente como si llevasen un cartel en la frente que pusiera frases como "Yo chico friki que le gustan casi los mismos videojuegos que a ti y también tengo tus mismas inquietudes busco mejor amigo" o "Yo chica sensible que sé cantar muy bien busco chico que toque la guitarra con el que filosofar sobre la vida y el universo". Estupideces, pero que en cierto modo esperaba algo así. Creo que esa frustración o desengaño lo he ido arrastrando hasta hoy.

La realidad es que sí que he encontrado gente así. No gente exactamente así como he dicho, no eran personas a la carta. Pero sí personas frikis, que le gusten casi los mismos videojuegos que a mí, con inquietudes parecidas, gente sensible, gente con la que compartir y hacer música, y hablar sobre la vida y el universo. Cada uno con muchos de esos rasgos, otros pocos, otros casi ninguno; cada uno único, cada uno "de su madre y de su padre". Gente real. Gente como yo.

La virgen, qué facilidad tengo para hablar primero de todo lo que rodea a un tema antes de hablar exactamente de ese tema.

Conocer gente nueva. Presentarte y dar la primera impresión es como volver a reafirmar tu identidad, tu yo, o más bien volver a construirlo: a quien les presente a estas personas nuevas soy yo a partir de ahora. No me estoy refiriendo a decir que me gustan cosas que no me gustan o esforzarme por agradar y caer bien; me refiero a que al mostrarte de primeras a otra persona ahí muestro lo que soy yo, de primeras. Y tras tanto tiempo sin conocer gente nueva, ha sido extraño, al principio hasta me asustaba; pero muy renovador. Salí de mi zona de confort, como bien explica este video. youtube.com/watch?v=RSUykLfEmVE

Al conocer a esa gente nueva, en especial a una persona, he visto reafirmado ese yo, quien soy. Y tal y como he dicho, he visto, tras mostrarle a esa persona, que sí, estoy encabronao, estúpido con mis amigos, mi familia, conmigo mismo. Algo que veía, intuía y razonaba pero que el de entre los pulmones no entendía o pasaba. Espero no haber asustado a esa gente nueva. Aunque si mis amigos me han aguantado, puede que no me lo tenga tan en cuenta como pienso. Qué peligroso es enclaustrarse en un pequeño trozo del mundo.

Para terminar, esa palabra. No la escribiré, la pensaré. Y es que junto a su autor, me está cambiando. Antes estaba corriendo, angustiado por conseguir cosas, "¿Qué cosas? No lo sé, pero corriendo seguro que las consigo antes". Ahora siento que ando, puedo ver lo que hay alrededor, sentirlo y sobretodo no ansiarlo. Hoy he vuelto a tocar lento la guitarra. Qué bien y qué dulcemente suenan las cuerdas así, por fin he vuelto a ese nivel de conexión. Suavemente, es ahora lo que necesito para mi interior. Lentamente, "¿qué prisa tienes?"

jueves, 18 de septiembre de 2014

La echo mucho de menos

Llevo desde ayer estancado, atontado, embotado, abotargado.
La vi. A ella. Después de unos pocos meses.

Creí que tras tanto tiempo no me iba a importar, no me iba a doler,
creí que tras todo lo que pasó, el porqué se dejo, no me iba a doler,
creí que tras el último encuentro -donde sus palabras me hirieron como el acero: no te lo mereces-,
donde lo más nuestro, el sexo, no llegó a salir del todo bien, no me iba a doler.

Creía. Otros creen en Dios, en Alá, en Yavé. Todo ilusiones.
Ahora ya no sé en qué creer. No en ella. No en mí.

Ella no tuvo que decir nada. Ni tuvo que mirarme. No tuvo que hacerlo.
Ni siquiera necesitó sus mágicos ojos. Solo estar allí. Y ser ella. Era ella.
Tras eso, y desde entonces, quiero hablar con ella. Pero no debo hacerlo.
¿Para qué? ¿Con qué propósito? No es racional, no tiene sentido, pero ahora quiero algo de ella.

Lo que sea. Un hola, un qué tal o un como te va.
O un desprecio, un "¿qué quieres ahora?" o que me hable con sequedad.

Me siento como un adicto que lleva tiempo sin su droga. Estoy fatal.
Aunque lo que querría lo sé en realidad.

El día que la vi, solo pensaba en abrazos. Un abrazo de ella hubiese sido en aquel momento lo más reconfortante que me hubiese sucedido en mucho tiempo. Sentir su cuerpo, su calor junto al mío. Sentir sus brazos rodearme, su cabeza apoyarse, su entrega.., Sentir su pelo, olerlo y al separarnos mirarle a los ojos y sonreír.

O no. O tras el abrazo, mirar a sus oscuros ojos e inundarme de tristeza y pérdida. Pero sobretodo de su mirada de incomprensión de "¿por qué, Javi, por qué has querido ésto?". Ella no podría decirlo, definitivamente no podría. Pero yo lo entendería. Lo sabría, lo leería en sus ojos.
Me hundiría.

Y tras ese momento, ¿qué haría? ¿Tengo un plan de acción? No, no sabría qué hacer. Cualquier cosa que hiciera sería con gran desconfianza en mí y en ella. No saldría bien. Estoy TAN convencido de que no saldría bien que, aunque hubiesen posibilidades reales de que saliese bien, mi convencimiento haría que mi actitud, creencias y sentimientos pusieran todos los obstáculos posibles.

Jaja. Jajajajajajaja. Es gracioso. ¿Que qué es gracioso? Todo esto, ¿no lo ves? La pedazo película que me estoy montando yo solo. Sin saber cómo está ella. Cómo se siente. Sin siquiera saber si querría mirarme a la cara, abrazarme. Solo lo creo. Y ya sé como va conmigo lo de las creencias. Me equivoco. De hecho puede que hasta haya conocido a otra persona. Es mujer y es ella, solo le falta que haya querido, por falta de oportunidades sé que no ha sido.

Estos días me he acostado en mi cama -mi nueva cama, pequeña, muy pequeña, perfecta para compartir- y me inundaba el pensamiento de que ella estuviese allí, conmigo, abrazados en uno de esos abrazos eternos. Con todo el cuerpo, y con todo lo que somos nosotros. O sentir su espalda contra mi pecho, su hombro en mi barbilla, su cara sobre mis lab... no, se habría girado para besarme.

¿Donde está todo eso? ¿En qué ha quedado todo eso? ¿De verdad los mejores momentos de mi vida se quedarán ahí, como recuerdos? Pasado. Todo pasado. Puto pasado.
No es miedo a que no vuelva a sentir todo eso. No es eso. Es miedo a no volver a sentirlo con ella y, sobretodo y sobretodas las cosas, miedo a que eso se pierda, a que esos recuerdos se olviden, se superen, se dejen atrás y, en cierto modo -sólo en cierto modo, pero muy amargo- esas cosas dejen de existir. Perderían valor y dejarían de existir tal cual son ahora: el recuerdo de amor más bello y puro que he vivido jamás.

Ojalá el juguete no esté roto. Está completamente roto. Es imposible jugar con él.
Si se pudiera jugar aunque solo fuese un poco más con él, habría hablado con ella. Pero no encontré un trozo del juguete lo suficientemente grande para poder jugar con ella. No queda juguete, está roto.

Estoy roto. Estoy muy jodido.

Del sexo ya ni hablemos. Cuando lo pienso se me torna irreal, algo ajeno a mí. Yo con ella, otra vez haciéndolo. Os juro que no llego a verlo del todo. Irreal, fantasía, algo onírico.
Eso sí, lo que llego a visualizar no es romántico y delicado. Es algo salvaje, físico, muy pero que muy obsceno. Casi violento. Proporcional al dolor y la pérdida que siento dentro.
Que esto lo digo aquí, pero luego a la hora de la verdad a saber si sería don Romántico, incluso de los que lloran. Quien sabe. Qué sé yo de mí ahora. Con respecto a ella, nada es estable, soy una bomba emocional.

Estos días miro al móvil, él me devuelve la mirada. Abro Whatsapp, y por vigésimo tercera vez miro su estado -"¿quién sabe si lo ha cambiado?"-, miro su última conexión -con ninguna finalidad- y me desdoblo imaginándome escribiendo.

Pero no lo hago. No escribo, no digo nada.
Quizás después de todo algo sí que ha cambiado. Quizás sí que he superado algo: el acabar por hablar con ella. Y sé por lo que es, y es que con un juguete roto no sabría que hacer con ella.

Si me hablase ella... Bueno, sería muy diferente. Sería como aquel alcohólico en abstinencia al que le ofrecen una copa: ¿Cómo voy a hacerle ese feo a mi colega si me invita? Estaría deseando. Qué cojones, esTOY deseando. Por suerte esas cosas no pasan, y menos con su orgullo y su forma de pensar. Seguro que ella piensa que la quiero lo más lejos posible de mí, cual leprosa. O que si se acerca a mí solo recibirá dolor, lo cual tiene derecho a sentir ya que es muy posible.

Es triste. Y penoso. Todo.

Se cambió la foto de perfil. Muy chula, por cierto. Y sobretodo muy ella. Estoy seguro que vio la opción de hacer eso con una foto y no dudó en hacerla. Se nota que fue así por la sonrisa que puso al echársela. Conozco bien esa sonrisa, de niña, de ilusión, de pilla. Mi pulgar se aplasta contra mi índice rápida y consecutivamente. ¡Muchacha cuidadoooooooooooo! Jajajajajajajaja.
He visualizado su cara víctima de mi pulgar e índice, su cara de enfado y capricho o directamente enfado y "estoy hasta los cojones de que me hagas eso". Me gustaría tanto ver cualquiera de las dos que no sabría cual quedarme.
Luego un bocao (que no bocado) en el brazo. Quien sabe si otro en la cara, pierna, o repetir en el brazo. Luego en el cuello y ¡clá! (sonido de una botella descorchándose), se desencadenaría ese vendaval de sensaciones físicas y emocionales que, irremediablemente, llevarían a un buen, dulce, fuerte, intenso y de calidad polvazo.
Me encantaba que pudiésemos hacer esos cambios de escenario tan rápidos y divertidos.

En fin. Creo que ya está bien de fantasear por ahora.
Solo quería decir que la sigo echando de menos. Creía que no sería para tanto tras este tiempo, pero sigue siendo así. Quizás eso esté enlazado con el estancamiento emocional que he sentido durante este verano.
Me siento emocionado e interesado por saber cómo acabaré esto, que será lo próximo que sucederá en mi vida. Depende de mí, eso no debo olvidarlo.

Mientras tanto, seguiré con mi Colt 45 batallando al estilo western contra mi móvil y su atractivo y sexy Whatsapp, el cual me daría algo de ella.

Mierda.

lunes, 15 de septiembre de 2014

Sueños y mentiras

El sueño

Acabo de despertarme y recuerdo bien el sueño. Es muy raro que yo recuerde algún sueño, ha debido de impactarme mucho, y así es. El sueño no es una historia, ni siquiera llega a ser una escena. Es una imagen y un sentimiento.

Es ella. Después de meses en que ningún sueño vuelva a mi mente por la mañana, hoy ha vuelto. Seguramente sea porque este miércoles es muy probable que la vea, y eso me pone nervioso. Los sueños, en muchas ocasiones son, eso, representación de los temores.

Iba maquillada. Por lo general no me gusta que las chicas se maquillen, me parece artificioso. A ella le gustaba hacerlo para salir, pero conmigo no lo hacía. En el sueño estaba maquillada, y en especial destacaban los labios, cubiertos de un color rosa oscuro que le daba mucho porte, presencia y madurez, muy en contraste a la visión que tengo de ella de una chica joven de 22 años. Un rosa oscuro que dice "aquí estoy yo", que dice "me siento segura". Aunque de eso último con mirarla a ella a los ojos me bastaría para comprobarlo.

Creo que es la visión que tengo yo ahora de ella. A quien creo que me voy a encontrar. No me gusta. No me gusta haber soñado eso, ni ahora, ni que vuelva al centro de mis pensamientos. Siempre ha estado en mis pensamientos, pero la ociosidad del verano me ha ayudado a sacarla del centro. Ahora, de vuelta a la ciudad y mucho más alejado de mis amigos, el sentimiento de soledad se acentúa.

Espero no pasarlo demasiado mal cuando la vea.

¿Hablar con ella? Bueno, la conversación sería un tanteo de como le va al otro. Apostaría porque ella está en un punto similar al mío: aceptándolo y superándolo pero sin dejarlo todavía atrás y con la imagen del otro muy presente. Seguramente ella se mostraría fuerte, que ya no me quiere en su vida. No sabría decir con exactitud hasta que punto es así, probablemente más de lo que creo. Pero lo prefiero así. Si me pusiera ojitos yo... No sabría qué hacer. No me lo esperaría y todavía me afectaría mucho. Por suerte sé que eso no pasará, ya que no se lo permitiría jamás a ella misma.


Las mentiras

Bueno, fue una. Nah, fueron varias, pero se resumen en una.

Hoy me he acordado de aquella otra chica porque he visto en la red social una foto de ella con su pareja en un aeropuerto. Parece que van a viajar por Europa.

En cierto modo me ha jodido. Verla a ella allí me ha hecho pensar: yo podría haber estado allí. Acto seguido mi mente me ha preguntado "¿querrías?". "No." Claro que no querría, solo veo el que podría haber sido uno de mis posibles futuros. Algo idílico como viajar con tu pareja por el mundo. Pero no deseo estar con ella.

Por lo que conocí a ella, debe ser el mejor momento de su vida. Alguien con quien se siente muy bien, posiblemente realizada, y está realizando un sueño para cualquier persona de veintitantos años. Jóvenes, enamorados y un mundo por descubrir. Por lo que la conozco a ella, debe estar viviendo su historia de amor verdadero. Lo que yo pienso es más duro: que esta viviendo por primera vez.

Hablemos sobre la mentira. Fue en una de las tertulias con mis amigos donde me hice plenamente consciente de ello. Salió el tema de ella. Hablamos de lo que pasó y por qué pudo pasar. De ese evento no he hablado nada en este blog, pero en resumidas cuentas: yo no estaba seguro de lo que quería hacer, ella era una persona extremadamente insegura por aquel entonces y todo acabó de una forma consecuente a los predisponentes.

El quid de la cuestión era el físico. Toda mi adolescencia he crecido entre canciones del Canto del Loco y Fran Perea, creyendo fervientemente que el físico no importa, que solo los sentimientos importan. Agradezco muchísimo eso, ya que eso hizo que desde muy joven prestase atención a lo que siento y pienso, algo que es difícil para cualquier ser humano. Me ha ayudado mucho a ser quien soy y me gusta. Pero estos últimos tiempos (meses, quizás dos años), he visto que el físico es muy importante. No en sí mismo, no en que ser un tío/a bueno/a lo tienes todo hecho, sino que influye mucho en uno mismo, particularmente en la seguridad en uno mismo.

Debo hacer una entrada sobre este tema en particular.

Pues bien, justo eso es lo que pasó. Inseguridad, íntimamente relacionada con el físico, fue un factor muy importante. La pregunta que me hicieron mis amigos fue que si influyó mucho su físico. Dije que sí, pero no solo por el físico en sí mismo, sino por como eso influyó en el proceso. Hice un gran esfuerzo por quitarle gran parte de esa inseguridad, que salió bien. Pero ese rol de salvador o de cuidador, me desgastó, no me gustó. La siguiente pregunta fue si se lo dije a ella. No.

Ahí la mentira, a ella no le dije que eso influyó. Por lo que mis amigos conocen de ella y yo conocí, la hubiese hundido. Ella estaba en un punto de inflexión en su vida, realmente me preocupaba ella, que su persona saliese fortalecida de esa situación. Cuando la llamé para dejarlo, me eché todas las culpas de ello. Ahí la mentira. Uno de mis amigos dijo que hice lo mejor, que hubiera destrozado su autoestima si hubiese dicho la verdad. Seguramente su futuro hubiese cambiado, más cargado de inseguridad en ella misma, desconfianza en los hombres o a saber qué.

Una mentira piadosa, la llaman. No me doy golpes en el pecho ni me siento mejor persona por lo que hice. Como he dicho antes, realmente me preocupaba joderla a ella en un momento tan crítico de su vida. Tenía mucha capacidad de hacerle daño y no quería. En el momento de aquella historia mi mayor preocupación era yo mismo: acababa de vivir un episodio en mi vida único y nuevo, aprendí mucho, pero ya no tenía nada más que hacer con ella. Aún así me importaba lo suficiente como para dejarla de buenas maneras, pero no era lo suficientemente importante como para ser incapaz de mentirle. A mis amigos, mi antigua pareja... ellos me importan demasiado como para mentirles en cualquier cosa, aunque supiera que les hiciera un bien mayor. Valoro demasiado la verdad por encima de la felicidad o cualquier otra cosa. Decirle lo que pienso a una persona es lo que creo que mejor puedo ofrecer, y lo que quiero dar a los que me importan.

Ella no llegó a importarme lo suficiente para ello. Ahora recuerdo las conversaciones que tuvimos después de dejarlo, donde iba conociendo gente nueva, su autoestima y persona crecieron mucho. Y hoy veo esa foto con el chico con el que va a viajar. No puedo evitar sentir que soy el aleteo de la mariposa que provocó el huracán. No por la mentira, sino por toda la historia que tuve con ella.

Pero ahora la veo a ella y es feliz. Yo no. Y eso me duele. Todo este torbellino de pensamientos y sentimientos son los que me vinieron cuando vi la foto. Alegría por ella, esperanza porque un futuro mejor es posible, melancolía por mi soledad y por los eventos pasados donde estaba convencido de que acabaría con un futuro así, ilusión de ver como los sueños se pueden cumplir, etc etc etc.

Me gusta pensar que he sido determinante en la formación de una persona y su personalidad, pese a que ahora no forme parte de su vida. Como en su momento lo fueron para mí otras personas con las que ahora no tengo contacto, sobretodo Víctor y Mireia.


Ha sido una mañana interesante. Comenzando con un sueño y seguido de una foto.

Hoy comienza un nuevo curso, a ver como se presenta.