viernes, 19 de diciembre de 2014

Esperar un autobus

Maldita estación de autobuses. Me ha hecho recordar lo que es esperar a alguien, y recibirla con un beso...

miércoles, 17 de diciembre de 2014

¿Cuándo sabes que se ha acabado?

"¿Cuándo sabes que se ha acabado?

Quizás cuando sientas más amor en tus recuerdos que con la persona que está frente a ti."

lunes, 15 de diciembre de 2014

Comunicarse a distancia

No me suelen gustar este tipo de simplificaciones pero esta vez estoy muy convencido de ello.
El gente se divide en dos tipos de personas: las que quieren hablar las cosas importantes cara a cara y las que pueden conformarse en hablarlo a distancia (whatapp, facebook, chats, skype, etc.)

Si algo me ha enseñado la experiencia es que tras cualquier pantalla las conversaciones se deterioran muchísimo. Los mensajes pierden muchísima información. Entonación, doble sentido, sonrisa, lenguaje postural, contacto físico... Se queda en una muy deficiente transmisión de información.

Y aún así hay mucha gente que insiste en usarlos como medio principal para hablar cosas importantes. Por radical que parezca, de éstos he acabado viendo que luego a nivel personal en comunicación con otras personas dejan mucho que desear. 

Así, por ejemplo, quien crea que leyendo esto (o muchas de mis entradas) me conoce, le diré que se equivoca. Conoces ciertas opiniones de mí, como siento algunas cosas y pienso otras. Pero una persona, con toda su complejidad, matices y moduladores solo se puede conseguir en persona, y con mucho tiempo hablando y conociéndose. Aún así, diré, por mi experiencia, que una hora hablando en persona me dice muchísimo más de esa persona que días o incluso meses hablando por móvil con dicha persona. 

Cómo pueden "cambiar unas personas de en persona a distancia es muy grande. Pero realmente no es que cambien, sino que se ve como realmente son en persona.

A mí, por ejemplo, es imposible conocerme a distancia. En persona soy muchísimas emociones, cuando estoy con amigos siempre estoy activado, casi efusivo, soy muy cariñoso y cercano a la gente. A distancia, con una persona que me cause mucha confianza, solo podría ser muy respetuoso y quizás algún atisbo de humor o aprecio, pero muy pequeños en comparación a lo que soy en persona.

Nunca he sido ni seré persona anti-tecnología. Defiendo muchísimo cualquier tipo de avance tecnológico. Otra cosa bien distinta es que las personas que utilicen esa tecnología sepan hacerlo bien, con madurez, responsabilidad y consecuencia. Con algunos amigos me ha pasado algo común y es discutir por chat. Recuerdo una ocasión muy concreta en la que me sentí fuertemente atacado. Tras hablarlo en persona vi que para la otra persona no fue para nada un ataque, sino compartir su opinión, y que para nada quería hacerme sentir así de mal. Entonces descubrí que con esa persona hablar de ciertos temas no podía hacerlo por chat porque era muy fácil malinterpretarle. Fui consecuente y ahora me va bien con él. Pero en su momento ese evento afectó mucho a la relación personal, y lo peor de todo es que la otra persona no era consciente.

Con este pequeño ejemplo intento poner en claro la facilidad de malinterpretación de las cosas. Así que con esto me gustaría dejar al menos un mensaje claro para las personas que me leen: todo -sí, TODO- lo que hables a distancia, es equivalente a un segundo hablando con la persona cara a cara.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Dormir vestido

¿Mi vida ahora? Bueno, sin duda alguna es diferente a hace un tiempo. ¿Mejor? ¿Peor? No sabría decirlo. En muchas cosas me siento mejor, en otras muchas peor.

En las que me siento mejor ahora mismo no recuerdo muchas. Si me encontrase pensando en lo mejor no habría venido hasta aquí, a escribir, como hago siempre que estoy hecho una pasa. Pero haré un esfuerzo especial, por mí mismo y por el que me pueda estar leyendo.

Mejor sobretodo la sensación de que, a largo plazo, todo esto que estoy haciendo merecerá la pena. Que, en el fondo, al final acabaré agradeciéndolo. Estoy bastante seguro de ésto porque las veces anteriores que he hecho algo así luego se ha confirmado.

Luego, en cosas más concretas, pues la universidad sigue marchando hacia delante. Sigue costándome horrores lo de estudiar día a día. Definitivamente acabaré la universidad sin ser el tipo de estudiante que deseaba ser. Pero soy como soy, yo, consiste en aceptarse, ¿no? No, ya sé que no, jajaja, no porque no se trata de que soy vago y debo aceptarme así, sino que no he sentido nunca la necesidad de la presión de llevarlo todo al día, ya que con los apretones poco antes de fecha siempre me va bien. Este cuatrimestre es el que estoy más implicado día a día en el quehacer diario: clases particulares, clases presenciales, clases que realmente me interesan ir porque el profesor me gusta mucho como da clase, clases cuya evaluación de la asignatura es gran parte trabajos, etc. Por lo que este cuatrimestre es de los más atareados que recuerdo. Al menos estoy mucho más atareado día a día que el año pasado.

Otra de las cosas que me tienen bastante ocupado es mi canal de youtube. Sinceramente, estoy muy contento con él. A la gente le gusta mucho lo que hago, y dado que lo hago desde la sinceridad, siendo yo mismo y sin pretender, actuar ni fingir como muchos youtubers, sino que trato de ser yo mismo con mis tonterías, mi habla murciana y -para mí objetivo principal- forma didáctica ya que quiero que aprenda la gente que me vea, dado todo eso y ver que se está cumpliendo todo es por lo que estoy muy satisfecho. Aparte, en el último ves, el número de suscriptores está aumentando vertiginosamente. Hace apenas dos meses estaba por los 40 suscriptores. Ayer iba por trescientos y hoy ya por los trescientos venticinco. Como siga creciendo como en el último mes, puedo llegar muy alto, y me gusta porque lo hago sin esfuerzo y sin propósito más que el de divertirme. Para final de año pronostiqué llegar a los 500, pero posiblemente acaben siendo muchos más.

Aparte, hoy he estado hablando con un seguidor al que agregué al juego. Al principio me mostré un poco reticente cuando los seguidores me pidieron agregarme al juego. Para mí eran completos desconocidos, pero luego pensé que yo para ellos no, que era el chico con el que habían pasado tantas horas viendo Hearthstone y, si han visto mis videos -que no son los típicos videos de tres minutos, sino tochos de media hora cada parte-, es porque para ellos les interesa mucho y lo valorarían. Creía que me agobiarían a preguntas y demás cuando los tuviese agregados, pero no ha sido así. Hoy, hablando con uno de ellos, para mí uno más de los que agregué, accidentalmente le comenté que estaba mirando cosas para stremear -para los que no conozcan el término, consiste en emitir en directo como juego, que con eso es con lo que los jugadores pueden llegar a hacerse más famosos y ganan mucho dinero. Que aunque obviamente el dinero me interesa y me va muy bien, mi intención inicial es utilizar las largas horas en las que juego yo solo por divertirme en horas streameando y así seguir siendo conocido y que la gente pueda seguir disfrutando conmigo-. Resulta que ese chico sabía perfectamente como hacer funcionar todos los programas y estuvo una hora por skype explicándomelo todo. Para mí fue una pequeña muestra de que, si eres simpático con la gente puedes obtener muchas cosas de ellos. ^^

Además, el chaval me dijo que el juego en cuestión hay pocos que lo emitan en castellano, por lo que si me promociono ahora y llego alto antes de que empiecen muchos a ello, posiblemente sea un referente de ese juego a nivel mundial de habla española. Sinceramente, aunque se vea muy grande y lejano, por la proyección que estoy viendo en los últimos días lo veo muy posible. Me ilusiona mucho. Podría ser ideal que llegase a ser un trabajo a media jornada. Sería increíble!

Más cosas buenas, bueno, estoy aprendiendo mucho a vivir solo y lo que conlleva. Levantarte cada mañana sabiendo que solo tú esperas a hacerlo -esperas de esperanza, no de esperar quieto-. Estoy teniendo mucha más iniciativa en encargarme de mis asuntos y de los asuntos grupales en los que nadie da el primer paso. Por ejemplo, en tareas de mi piso tengo mucho la iniciativa para comprar cosas comunes, o en trabajos en grupo -en algunas ocasiones, antes era casi nunca- soy el que tira del carro.

Ya pasando a las cosas malas, está muy ligado al punto anterior. La soledad. El día a día se convierte bastante en putada. Tengo el horario de sueño completamente jodido. Ahora mismo son las 4 y media de la madrugada. Con los amigos muy lejos y sin pareja apenas tengo contacto físico con nadie. La falta de un abrazo cariñoso y demás se vuelven espectacularmente grandes. Niveles astronómicos. El sábado vi a una amiga y el lunes a otra, llevaba a ambas más de un mes sin verlas y las abracé mucho.¡Mucho, madre mía! Y lo valoré más, como suelen pasar en estas cosas.

Hoy he leído un artículo sobre las ventajas de dormir desnudo. Se alcanza el sueño profundo. Dormir con otra persona también desnuda tiene muchísimas ventajas. Este invierno, a diferencia del pasado, he dormido vestido todas las noches. Duermo muy mal, pero eso se remonta hasta el verano. Estoy escribiendo esto porque me he decidido levantar de la cama porque estaba hecho un manojo de nervios que no se dormía, pero quería acostarme pronto para mañana intentar madrugar algo. Al final he desistido, me he hecho un vaso de leche con cereales y aquí estoy, escribiendo. También como alternativa a no jugar ya que, si me pongo a jugar, tardo aún más en acostarme de nuevo, porque jugar me activa. En definitiva, que en éste momento lo que mejor me vendría es un buen cuerpo desnudo junto al que dormir. Dios, de solo pensarlo siento ese calor bueno en mi pecho. Ese calor profundo y tranquilizador.

Ahora añoro a esa persona con quien compartía eso antes. Me encantaría volver a tener eso, pienso. Pero cuando lo pienso más tiempo recuerdo la realidad y se me quitan las ganas. Es una dualidad, una discordia, una dicotomía mental que me vuelve loco, pero ahí está, esa batalla está rellenando el vacío de la soledad. Cuando comienzo a añorar el calor de su cuerpo la realidad me golpea diciéndome que ella está experimentando ya eso, pero con otro. Y no otro cualquiera. Además ahora ya sé que ella le buscó. Lo que debería ser una razón más para olvidar, en realidad se convierte en un golpe más a mis moribundos sentimientos hacia ella. Ya estoy cansado de pelearme contra mis sentimientos. Ahora simplemente los dejo estar. Confío en que mi corazón acabará cansándose de recibir golpes para nada. Él habla pero no recibe respuesta. No la respuesta que él necesita.

¿Cuál es la respuesta? No la hay. No hay un modo de proceder que lo arreglase todo. La respuesta, por decirlo de algún modo, es que mi corazón lata en melodía, sintonía o al unísono con el mío -que caminemos en la misma dirección, utilícese la metáfora que más convenga-. Pero si no laten igual, no funciona. Cuando lo dejamos llevaba mucho tiempo sintiendo eso, desincronía, pero se desincronizó demasiado tras cierto evento. Ahí vi claro que nuestros caminos eran demasiado distintos -caminos, formas de pensar, actitudes ante la vida, utilícese la que más convenga-.

Aun así no puedo evitar pensar en lo que sincronizábamos bien. Pero que muy bien. Como dormir juntos. Lo añoro tanto... Lo añoro tanto que ahora mismo estoy dudando de si es más grande la añoranza y las ganas de volver a vivirlo a el dolor que me causa saber que ella ya vive eso con otro. Esa dicotomía, dualidad, me está volviendo loco. Pero prefiero esa locura a la soledad, prefiero morir de amor a morir de frío.

En fin, creo que toca volver a dormir.

Esta noche dormiré vestido.

jueves, 4 de diciembre de 2014

Lo que puede llegar a dibujar uno

Siempre me he considerado un negado para el dibujo, pero aquí hay algo que, a nivel puramente de dibujo, supera las expectativas que tenía con mi propia capacidad. Nunca me creí capaz de dibujar algo así, pese a lo simple que es. Pero era solo cuestión de ponerse, como con todo.

La idea fue surgiendo de improviso, hace justo una semana en uno de esos días de clase. Primero el ojo, luego la boca, después la nariz. Ahí vi el resto del dibujo y tuve claro que la mitad estaría oculta. Así salió el resto.

Me gusta el resultado. El personaje no se sabe con seguridad si es hombre o mujer, lo cual siempre me ha dado mucha rabia de otros dibujos pero me gusta de éste. Como oculto o escondido tras una puerta abierta, está mi personaje, demacrado, dolido, angustiado.


miércoles, 26 de noviembre de 2014

El desayuno

Habla por sí solo, no necesito comentarlo.

  Me gustas cuando dices tonterías, 
cuando metes la pata, cuando mientes, 
cuando te vas de compras con tu madre 
y llego tarde al cine por tu culpa.
Me gustas más cuando es mi cumpleaños
y me cubres de besos y de tartas,
o cuando eres feliz y se te nota,
o cuando eres genial con una frase
que lo resume todo, o cuando ríes
(tu risa es una ducha en el infierno),
o cuando me perdonas un olvido.
Pero aún me gustas más, tanto que casi
no puedo resistir lo que me gustas,
cuando, llena de vida, te despiertas
y lo primero que haces es decirme:
«Tengo un hambre feroz esta mañana.
Voy a empezar contigo el desayuno».


"El desayuno". De Luis Alberto de Cuenca

domingo, 23 de noviembre de 2014

Vamos, lo normal

Las cosas empezaron bien, nos vimos unos días. Cine, mantas, risas, cervezas, maquillando el pasado para parecer más de lo que somos… vamos, lo normal. Así unos días, hasta que uno de los dos pidió algo más. Ese fue el punto de ruptura para que el terreno que pisábamos comenzara a desnivelarse. Vinieron entonces los pretextos, los regates, los mensajes a deshora, las llamadas distanciadas en el tiempo… vamos, lo normal. Se empezó a cumplir esa extraña teoría de que el amor son vasos comunicantes donde uno quiere y otro se deja querer. Al final, con el corazón sin presupuesto, tú te cansaste de perseguir, de no encontrar las llaves que abrían las puertas de mi alma y una buena tarde, después de unas semanas dándote excusas para no verte, me enteré de que volabas en otro colchón, con otro que no era yo. Y yo, que tantas veces te esquivé, comencé a quererte. Vamos, lo normal.


"La triste historia de tu cuerpo sobre el mío", Marwan

viernes, 21 de noviembre de 2014

Hombre en Reddit se arrepiente de su vida actual

Retomando viejas costumbres, voy a postear una cosilla que he encontrado por las redes sociales y que me gustaría darle una atención especial. Puede que lo retome como algo habitual.

Trata sobre John, un hombre de 46 años que dejó en reddit, en la sección TIFU (Today, I'm fucked up), un post hablando sobre lo insatisfecho que está con su vida. Me ha calado muy hondo ya que muchas veces he sentido que si seguía con cierta actitud mi futuro podría ser así de insatisfecho, o simplemente que temo mucho acabar así en la vida. Para mí, la vida, tenga sentido o no, es lo único que tengo, por eso quiero tanto aprovecharla y por lo tanto temo tanto lo contrario.

Sin más os dejo con la historia de John.



Hola, mi nombre es John.
Estuve dudando por un tiempo, pero finalmente tuve las ganas para escribir esto. Necesito sacarme mi vida de encima.
Sobre mí: soy un banquero de 46 años y he vivido toda mi vida hacia la dirección contraria a lo que quería. Todos mis sueños, mis pasiones, se fueron. En un trabajo estable de 9 a 7. Seis días a la semana. Por 26 años. Siempre escogí el camino fácil de las cosas, lo que eventualmente cambió quien yo era.

Hoy supe que mi mujer me ha estado engañando los últimos 10 años. Ella dijo que yo ya no era la misma persona de la que se enamoró. Y tenía razón. Mi hijo no siente nada por mí. Me di cuenta que falté al funeral de mi padre POR NADA. No terminé mi novela, ni viajé por el mundo ayudando a mendigos. Todas estas cosas que yo pensaba que tenía muy claras de mí en mi adolescencia  y en mis veintitantos. Si mi yo joven se encontrara conmigo, me habría pegado en la cara. Habría sabido como todos esos sueños se rompían rápidamente.

Empecemos con una descripción mía cuando yo tenía 20. Parece que fue ayer cuando estaba seguro de que yo iba a cambiar el mundo. Las personas me querían y yo quería a las personas. Era innovador, creativo, espontáneo, arriesgado y una gran persona. Tenía dos sueños. El primero era escribir un libro. El segundo, era viajar por el mundo ayudando a la gente pobre y a quienes viven en las calles.
En ese entonces llevaba 4 años saliendo con mi mujer. Un amor joven. Ella amaba mi espontaneidad, mi energía, mi habilidad para hacer que las personas se rieran y se sintieran amadas.

Sabía que mi libro iba a cambiar el mundo. Mostraría la perspectiva de lo “malo” y “retorcido”, mostrando a mis lectores que todos pensamos diferente, que las personas nunca piensan que lo que hacen está mal.Llevaba 70 páginas cuando tenía 20. Aún llevo las mismas 70 páginas en mis 46. A los 20, me fui mochileando por Nueva Zelanda y Filipinas. Planeé hacer todo Asia, luego Europa y luego América (Yo vivía en Australia). Hasta hoy, solo fui a Nueva Zelanda y las Filipinas.
Ahora, llegamos a todo lo que salió mal. Mi más grande arrepentimiento. Tenía 20. Era hijo único, Necesitaba estar estable. Necesitaba tomar ese trabajo de graduado, al cual me dediqué toda la vida.

Entregar mi vida en un trabajo de 9 a 7. ¿Qué estaba pensando? ¿Cómo podía vivir, cuando el trabajo era mi vida? Después de llegar a casa, cenaba, preparaba mi trabajo para el día siguiente y me acostaba a las 10pm para levantarme a las 6am al día siguiente. Dios, no puedo recordar la última vez que hice el amor con mi señora.

Ayer, mi señora me admitió que me estaba engañando por lo últimos 10 años. 10 años. Eso parece una eternidad, pero yo lo podía entender. Ni si quiera me dolía. Ella dijo que fue porque cambié. No soy la misma persona que era. ¿Qué estuve haciendo los últimos 10 años? Además de trabajar, no puedo decir nada más. No ser un buen marido. No ser YO.



Encontrado gracias a Espe.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Víctor y los sentimientos

Hace unos años conocí a Nuria. Por lo poco que pude conocer de ella entonces fue que era diferente. Diferente al resto de personas que había conocido hasta entonces. No podría definir con exactitud a qué me refiero con diferente, solo que es ese el sentimiento que tenía entonces.

Ella, sin que se lo propusiera, me mostró este vídeo. Eso desencadenó una serie de cosas que a día de hoy me han influido mucho. Por resumir, me ayudó a reconciliarme un poco con la música en general. -Yo nunca he sido de escuchar mucha música, tener grupos favoritos o identificarme con un grupo. Desde hacía mucho tiempo no escuchaba música afín a mis sentimientos para entonces contemporáneos a mi persona. Con ese grupo lo conseguí. Tras acercarme un poco más a esa música acabé topando con otra música. Luego, volví a retomar mi difícil relación con la guitarra. Y muchas más pequeñas cosas que me ayudaron a definir aquellos años y, en definitiva quien soy yo ahora-.

Una noche, la noche que quedamos todos a cenar, acabamos dentro de una discoteca. En ese lugar extraño y ajeno a mí, lo acogí aquella noche solo por diversión. Por una noche no pasa nada. Entonces la vi a ella en, lo que a mi parecer, fue un beso largo y tendido con un chico -a día de hoy tengo dudas sobre ese recuerdo, no podría asegurar que fue eso lo que exactamente vi, pero sí tengo claro el sentimiento: pesar. Ella me gustaba-.

Tiempo después y para mi sorpresa, se acercó a mí, empezó a bailar conmigo. -Justo lo que quería que pasase cuando entré en la discoteca. Pero entonces había visto lo de aquel chico, y ya mi interés hacia ella cambió, pese a que hubiese estado bien que pasara algo-. El bailoteo era extraño para mí, como lo era la discoteca. El baile entre los dos duró más de lo que un baile casual amistoso debiera durar -o mi deseo de que ella sintiera interés por mí me hizo creerlo así-. Fue entonces cuando ella empezó a tirar de mi corbata hacia ella. Lo interpreté como una invitación a algo más "cercano" -fuese verdad o no-, por lo que me puse muy reacio, tenso y resistí la fuerza de su brazo atrayéndome a ella. Seguía con el bailoteo pero manteniendo la distancia y ya, cuando ella se frustró de tirar -si es que esa fuese su intención-, deshizo el nudo de mi corbata y, ¡sorpresa! Se la llevó.

A lo largo de esa noche se la pedí. Pero eso no importa. Lo importante es que siempre me he quedado con la duda de si interpreté las cosas como fueron. ¿Tenía ella interés por mí? ¿Se estaba besando con aquel chico o fue mala interpretación mía? Si hubiese cedido al tirón de corbata, ¿qué hubiese pasado? -Por aquel entonces mi mente era mucho más rígida que ahora. Haber visto lo que vi o creí ver con aquel otro chico hizo que mi orgullo no me permitiera aquel hipotético acercamiento-. A día de hoy sigo preguntándome qué vi y, sobretodo, qué hubiese pasado si no me hubiese puesto reacio a acercarme a ella entonces. Me pregunto qué interpretaría ella entonces, si le parecí un estirado -por entonces, dar esa imagen me importaba mucho, en sentido de que me molestaba-, si realmente era algo de "tonteo" o solo era parte del baile. Y sobretodo si a día de hoy lo recuerda -estoy seguro de que no-.


Desde entonces y a lo largo de los años mantuvimos esporádicamente el contacto. Siempre fue alguien agradable con quien hablar y, sobretodo hablar de cosas que importaban. Muy atípico ya que realmente nos conocíamos poco. Pero lo que he dicho antes, ella siempre me pareció diferente, por lo que creía que podía y me apetecía hacerlo.


Este año volvimos a vernos. Por fin pude conocerla. Fue una experiencia muy enriquecedora para mí. Conocer a Nuria bien, después de tantos años, fue un "ya era hora". Ese diferente se certificó y transformó en la complejidad de la persona que conozco hoy día y que aprecio tanto. Los sentimientos, bueno, fue algo que simplemente surgió. Creo que la mejor forma de hablar de ellos es con la escena de aquel día.

Me senté a su lado, a su derecha. La saludé. Ella no me devolvió el saludo, parecía muy concentrada en lo que estaba escribiendo. El chico que estaba frente a nosotros le habló y ella le respondió. Y entonces, solo cuando terminó lo que estaba haciendo, tranquilamente pero con fuerza se giró hacia mi lado y me saludó con una sonrisa: "Hola, Víctor". Una fuerte sensación subió desde mi vientre hasta salir por mi nariz, para luego volver a entrar y recuperar el aire. Qué impactante. Fue la calma para acabar lo que estaba haciendo, sin prisas, y luego ya girarse con la mejor de sus sonrisas para saludarme; como si, una vez acabado todo lo trivial pudiésemos pasar a lo importante. Y qué sonrisa. Qué bonita, su cara, redondeada...

Luego, la mirada en general. Mirar a los ojos. De tú a tú, tranquilamente pero sin esfuerzo. Sencillamente magnífico. Una amiga a la que le conté esto me lo explicó: "Normal que te impacte tanto, Víctor. Esta chica es segura consigo misma. Lo de la mirada, lo de terminar sus cosas y saludarte, es mucha seguridad en ella. Tú no estás acostumbrado a chicas así, por eso te ha gustado tanto". Tenía razón.

Veía un fuerte interés de Nuria en conocerme. Eso, incauto de mí, me daba esperanzas.

Entonces, estaba deseando quedar con ella algún día, y que algún contexto se diese para poder mostrarle lo que sentía por ella de una forma única y muy auténtica: quería tocar y cantar con la guitarra aquella canción que ella me mostró sin proponérselo para ella. Tras terminar, y solo tras terminar, no le diría que me gusta; sino darle las gracias porque tiempo atrás ella me mostró aquella canción que me marcó tanto y que, cuando decidí aprenderla hace años con la guitarra, el primer pensamiento tonto y fantasioso que tuve fue en tocársela a ella, que se diese justo ese preciso instante para poder agradecérselo -lo cual no sería una estratagema para ligar, sino que es la realidad-.

Estaba convencido de que si ella sentía algo por mí, tras ese momento ella lo mostraría y sería el principio de algo muy muy bueno, muy sentimental e intenso. Si algo he tenido claro siempre es que un hipotético Víctor-Nuria sería algo espectacular. Brutal.

Pero la realidad siempre es distinta a los deseos de uno. Por eso esto no es un relato de amor, sino uno autobiográfico. La realidad fue que eso era materialmente imposible que pasase.

Al principio me dolió. Pero pronto acepté que era así y, al no ser rechazado yo, sino que era algo materialmente imposible, no sentí rechazo hacia Nuria. Por suerte mis pensamientos y mis sentimientos no me hicieron estúpido. No me hicieron creer que, porque aquella vez hace tantos años en la que creí que ella intentó algo conmigo, ahora podría pasar algo. No me aferré a eso. Sino a la realidad.

Me siento bien, porque ahora tengo a una persona increíble que forma parte importante de mi vida. Sí, podría y me hubiese gustado que fuese mucho más. Pese a todo, está bien. De verdad.

Aún así quería escribir esto, en honor a mis sentimientos, a esos pequeños bastardos que me acompañan día tras día dándome esperanzas de encontrar a alguien,  que valore tanto las muestras de afecto, que mis sentimientos sean mi marca personal, que me definan, que pensar en ellos me haga sentir yo, en lo más profundo e íntimo lo que hace que ame vivir la vida. En que crea en el amor, en el amor sobre todas las cosas.

Pese a que no han sido correspondidos mis sentimientos, hoy, con estas letras, hago un homenaje a esos sentimientos perdidos, esos deseos de lo que pudo pasar, esas fantasías y planes sobre lo que haríamos juntos, sobre las canciones de guitarra que cantaríamos juntos... Por ellos y, al fin y al cabo, por mi.

De Víctor para Nuria -algún día-.
De Víctor para Víctor.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Cucarachas por habitante

Dos y media de la madrugada, apenas ha comenzado la noche. Llevo un rato viendo la televisión, nada interesante, simplemente estoy ahí, viendo la televisión. Siento sabor amargo en la garganta, me levanto del sillón y apago la televisión. Casi aburrido, me dirijo a la cocina. Al frigorífico, sin propósito alguno ya que sé las pocas cosas que quedan, y ninguna es atractiva ahora. En el camino encuentro una pequeña cucaracha. Normalmente me dan asco. En este momento eso no cambia mi estado de cosas. Eficazmente acabo con ella. A los pocos segundos encuentro otra. ¿Qué pasa en esta casa? La entierro junto a su hermana en el cubo de basura.

Sentado en la cama, estoy frente al ordenador, escribiendo.

Retomo estas letras. Es esa chica. No entiendo bien qué ha pasado, ¿una broma? ¿A mí o a ella? En cualquier caso alguien sabe o cree saber algo que le está permitiendo burlarse. La noche no podía mejorar. En realidad siempre puede mejorar.

Empezó mal al oír a Sabina. La canción que eligió ella.

Es difícil olvidar a alguien.

Al menos sabes que quieres hacerlo, o que deberías hacerlo.

Pero es aún más difícil decidir alejarte de alguien que lo ha sido todo para ti. Porque nunca se está satisfecho. Ni mejor, ni peor, ni lo que quieres, ni lo que deberías; nada.

Antes había calor, sabor dulce en los labios, calor en el pecho; descanso... Ahora las noches no acaban, el paladar se reseca y miro la palma de mi mano extendida buscando respuestas. No las hay.

Esa chica otra vez. Parece que no era una broma. Un sin sentido más para los de esta noche.

Cerraré el portatil y volveré a la cocina, a encontrar algo que endulce este sabor. Luego, me mantendré despierto hasta que mi cuerpo acepte que mañana comienza un nuevo día.

jueves, 2 de octubre de 2014

Abrázame

Es como me siento ahora mismo, así, con una necesidad grandísima de cariño. No necesariamente el cariño de una pareja que, seamos sinceros, es el que más me gusta. Caricias, mimos, fundirse en un abrazo cada vez que nos vemos, la cuchara, dormir juntos... Esas cosas me encantan, y llevo ya bastante tiempo sin nada de eso. Se nota.

Aunque recibía cariño de mis amigos. Este verano tenía a mis amigos todos los días, pero ahora que ha empezado un nuevo curso y todos hemos tomado caminos distintos, ahora a penas les veo en toda la semana. Algunos están en otro país. Se me hace muy duro.

Compartir las preocupaciones del día a día, bueno, las tecnologías hacen su parte, pero no termina de ser lo mismo. Por otra parte, la ausencia de contacto físico es muy grande. Tengo a mis compañeras de piso y a algunos compañeros de clase, pero no es lo mismo para mí. No son personas a las que les de cariño tan gratuitamente como lo hago con mis amigos con los que ya tengo una grandísima confianza.

Realmente lo necesito.

Ahora mismo -y, bueno, realmente siempre- preferiría tener a alguien con quien tener cariño antes que tener relaciones sexuales. Sí, muy atípico para un tío. Pero realmente es así.

De hecho es algo que me agobia. Hoy lo hablaba con un amigo, tengo una necesidad brutal de mucho cariño, y eso me preocupa y asusta porque no quiero transmitir esa ansiedad a las nuevas personas que estoy conociendo ahora, por lo que eso las asuste y aleje de mí. Me estoy rayando muchísimo la cabeza con no agobiar a quienes me rodean. En especial a una persona.

Esta persona y otra persona desde que las conozco destacaría de ellas que son tranquilas, no les gusta preocuparse más de lo necesario, sin estrés. Parece que no se me pega nada o que no he aprendido nada, joder. Yo, aquí, con una paja mental enorme porque noto la abrumadora necesidad de cariño y no quiero desagradar a nadie.

Luego, con las reacciones de los demás, compruebo que no agobiaba a esa persona tanto como había creído en un principio, pero creo que mi temor a que se alejase de mí era tan grande que no podía evitarlo.

No me siento bien, no me siento cómodo con esta sensación de incertidumbre y desasosiego. Mi colega dice que es una racha, que se pasará. Yo sé que desde hace un tiempo he sido alguien que ha querido, valorado y necesitado mucho el cariño, por lo que no sé hasta que punto remitirá o no. Lo que si espero que remita es la ansia y sobretodo la inseguridad por desagradar a los otros.

En fin, ya sabía que este año iba a ser movidito, han cambiado muchas cosas en mi vida. Además, están surgiendo eventos, esta misma semana han pasado varias cosas dignas de mención. Solo espero que siga siendo así. Antes que la mediocridad de un día previsible y monótono prefiero la motivadora incertidumbre del día a día.

viernes, 26 de septiembre de 2014

Gente nueva

Hacía tanto tiempo que no conocía a gente nueva que había olvidado como era. Es mucho mejor de lo que pensaba.

A ver, he conocido gente en clase, pero era otro ambiente, en el que la gente va a clase, no a conocer a otros. A lo que me refiero más bien es a conocer tal cual, quedar con gente y entonces conocer gente nueva.

Ahora recuerdo la última vez donde me pasó eso y que también me sentí bien: en el campus de teatro, ya demasiados años atrás. En el resto de entornos donde he conocido gente había otro ambiente, demasiado diferente. Como cuando entré a la residencia universitaria, o directamente los grupos de clase de universidad. Era otro conocer gente diferente, y desde mi punto de vista, demasiado influenciado por el alcohol. O la cachimba. O el porrico. En fin, eso no es de lo que quiero hablar, aunque sería interesante hacer algún día una crítica a esa forma de relacionarse entre la gente joven, la gente de mi edad. Por suerte yo siempre tuve claro que eso no me gustaba, que no iba conmigo, pese a que a veces lo intentaba; por mala suerte eso no me ha ayudado a acercarme a gente, incluso ha ayudado mucho a que me aleje de algunas personas. Ahora mismo pienso en una.

Volviendo al tema. Gente nueva. Al hablar con ellos, contarles cosas de ti desde cero, qué haces, quién eres, qué piensas de los temas que salen, etcétera. Y conocer nuevas caras, formas de pensar, de ser y sentir la vida. Es renovador. Si que ellos lo sepan me han aportado cosas nuevas, ya sean conocimientos nuevos o bien formas diferentes de ver la vida.

Últimamente yo estaba -y probablemente sigo en parte- encabronao, como continuamente enfadado, no llega pero parecido a amargado. Bastantes cosas malas en los últimos tiempos y sobretodo pocas satisfacciones o cosas que me llenan y me realicen.
Ese últimamente es relativo. A voz de pronto podría remontarse a este verano, por la ruptura y eso. Pero rápidamente veo que no, que ya el curso pasado no estaba muy feliz con las cosas. La frase es que me molestaba bastante todo. Y cuando te molesta casi todo, solo haces dos cosas: o bien las enfrentas y estás jodido durante ello y sin ver progresos a corto plazo; o bien las evitas y pasas de todo, de la vida, la realidad y hasta de los propios sentimientos. Esto último creo que lo llevo a menos en estas últimas semanas, una muestra es que estoy escribiendo más. Pero si pienso en eso, en evitar las cosas, probablemente sería más honesto pensar en que mi no afrontación de la vida puede remontarse muchos años atrás. Probablemente hasta la fecha de inicio de este blog, 2008, es decir, desde que pisé la Universidad.

La Universidad, ese paraíso prometido para los que se merecían algo mejor que vivir toda una vida en el pueblo (mi pueblo), resultó no ser un paraíso, ni ser la cumbre del conocimiento, ni ser el lugar donde podría encontrar muchas personas afines a mí con facilidad. Resultó ser un lugar más del mundo donde había gente normal y corriente, como la de mi pueblo, como yo.

Qué ingenuo era. Qué joven. Ahora entiendo porqué me gustaba decirle a cierta persona que me hacía sentir joven. Sentía que el mundo sí podía ser ese lugar donde podría cumplir todos mis sueños.

Sé que es así. Lo razono y lo sé. Pero no lo siento, no estoy convencido de corazón de que sea así. Razón gana a Corazón, como suele pasar. Pero el uno sin el otro... Ambos soy yo.

En fin, divagaciones a un lado.

Primero de carrera fue el año donde esperaba poder dar el primer paso para darle un bocado al mundo que acabaría por poseer. "Hacer algo grande", mi mayor secreto y aspiración. Ahora me siento más lejos que cuando tenía la fuerza e ilusión de 18 años. La realidad es que estoy mucho más cerca, lo sé. Pero no es el camino ideal de realización personal que esperaba encontrar.

Me he encontrado con personas como yo, con dudas, con inquietudes, con ganas de pasar de todo y evadirse, sin ganas de pensar, con ganas de divertirse, de estar bien. Gente normal. Gente como yo. Qué estúpida era la creencia de que en la Universidad encontraría gente filosofando sobre la vida, hablando constructivamente de política, sensible.

No. Qué estúpida era la creencia de que encontraría esas personas tan fácilmente como si llevasen un cartel en la frente que pusiera frases como "Yo chico friki que le gustan casi los mismos videojuegos que a ti y también tengo tus mismas inquietudes busco mejor amigo" o "Yo chica sensible que sé cantar muy bien busco chico que toque la guitarra con el que filosofar sobre la vida y el universo". Estupideces, pero que en cierto modo esperaba algo así. Creo que esa frustración o desengaño lo he ido arrastrando hasta hoy.

La realidad es que sí que he encontrado gente así. No gente exactamente así como he dicho, no eran personas a la carta. Pero sí personas frikis, que le gusten casi los mismos videojuegos que a mí, con inquietudes parecidas, gente sensible, gente con la que compartir y hacer música, y hablar sobre la vida y el universo. Cada uno con muchos de esos rasgos, otros pocos, otros casi ninguno; cada uno único, cada uno "de su madre y de su padre". Gente real. Gente como yo.

La virgen, qué facilidad tengo para hablar primero de todo lo que rodea a un tema antes de hablar exactamente de ese tema.

Conocer gente nueva. Presentarte y dar la primera impresión es como volver a reafirmar tu identidad, tu yo, o más bien volver a construirlo: a quien les presente a estas personas nuevas soy yo a partir de ahora. No me estoy refiriendo a decir que me gustan cosas que no me gustan o esforzarme por agradar y caer bien; me refiero a que al mostrarte de primeras a otra persona ahí muestro lo que soy yo, de primeras. Y tras tanto tiempo sin conocer gente nueva, ha sido extraño, al principio hasta me asustaba; pero muy renovador. Salí de mi zona de confort, como bien explica este video. youtube.com/watch?v=RSUykLfEmVE

Al conocer a esa gente nueva, en especial a una persona, he visto reafirmado ese yo, quien soy. Y tal y como he dicho, he visto, tras mostrarle a esa persona, que sí, estoy encabronao, estúpido con mis amigos, mi familia, conmigo mismo. Algo que veía, intuía y razonaba pero que el de entre los pulmones no entendía o pasaba. Espero no haber asustado a esa gente nueva. Aunque si mis amigos me han aguantado, puede que no me lo tenga tan en cuenta como pienso. Qué peligroso es enclaustrarse en un pequeño trozo del mundo.

Para terminar, esa palabra. No la escribiré, la pensaré. Y es que junto a su autor, me está cambiando. Antes estaba corriendo, angustiado por conseguir cosas, "¿Qué cosas? No lo sé, pero corriendo seguro que las consigo antes". Ahora siento que ando, puedo ver lo que hay alrededor, sentirlo y sobretodo no ansiarlo. Hoy he vuelto a tocar lento la guitarra. Qué bien y qué dulcemente suenan las cuerdas así, por fin he vuelto a ese nivel de conexión. Suavemente, es ahora lo que necesito para mi interior. Lentamente, "¿qué prisa tienes?"

jueves, 18 de septiembre de 2014

La echo mucho de menos

Llevo desde ayer estancado, atontado, embotado, abotargado.
La vi. A ella. Después de unos pocos meses.

Creí que tras tanto tiempo no me iba a importar, no me iba a doler,
creí que tras todo lo que pasó, el porqué se dejo, no me iba a doler,
creí que tras el último encuentro -donde sus palabras me hirieron como el acero: no te lo mereces-,
donde lo más nuestro, el sexo, no llegó a salir del todo bien, no me iba a doler.

Creía. Otros creen en Dios, en Alá, en Yavé. Todo ilusiones.
Ahora ya no sé en qué creer. No en ella. No en mí.

Ella no tuvo que decir nada. Ni tuvo que mirarme. No tuvo que hacerlo.
Ni siquiera necesitó sus mágicos ojos. Solo estar allí. Y ser ella. Era ella.
Tras eso, y desde entonces, quiero hablar con ella. Pero no debo hacerlo.
¿Para qué? ¿Con qué propósito? No es racional, no tiene sentido, pero ahora quiero algo de ella.

Lo que sea. Un hola, un qué tal o un como te va.
O un desprecio, un "¿qué quieres ahora?" o que me hable con sequedad.

Me siento como un adicto que lleva tiempo sin su droga. Estoy fatal.
Aunque lo que querría lo sé en realidad.

El día que la vi, solo pensaba en abrazos. Un abrazo de ella hubiese sido en aquel momento lo más reconfortante que me hubiese sucedido en mucho tiempo. Sentir su cuerpo, su calor junto al mío. Sentir sus brazos rodearme, su cabeza apoyarse, su entrega.., Sentir su pelo, olerlo y al separarnos mirarle a los ojos y sonreír.

O no. O tras el abrazo, mirar a sus oscuros ojos e inundarme de tristeza y pérdida. Pero sobretodo de su mirada de incomprensión de "¿por qué, Javi, por qué has querido ésto?". Ella no podría decirlo, definitivamente no podría. Pero yo lo entendería. Lo sabría, lo leería en sus ojos.
Me hundiría.

Y tras ese momento, ¿qué haría? ¿Tengo un plan de acción? No, no sabría qué hacer. Cualquier cosa que hiciera sería con gran desconfianza en mí y en ella. No saldría bien. Estoy TAN convencido de que no saldría bien que, aunque hubiesen posibilidades reales de que saliese bien, mi convencimiento haría que mi actitud, creencias y sentimientos pusieran todos los obstáculos posibles.

Jaja. Jajajajajajaja. Es gracioso. ¿Que qué es gracioso? Todo esto, ¿no lo ves? La pedazo película que me estoy montando yo solo. Sin saber cómo está ella. Cómo se siente. Sin siquiera saber si querría mirarme a la cara, abrazarme. Solo lo creo. Y ya sé como va conmigo lo de las creencias. Me equivoco. De hecho puede que hasta haya conocido a otra persona. Es mujer y es ella, solo le falta que haya querido, por falta de oportunidades sé que no ha sido.

Estos días me he acostado en mi cama -mi nueva cama, pequeña, muy pequeña, perfecta para compartir- y me inundaba el pensamiento de que ella estuviese allí, conmigo, abrazados en uno de esos abrazos eternos. Con todo el cuerpo, y con todo lo que somos nosotros. O sentir su espalda contra mi pecho, su hombro en mi barbilla, su cara sobre mis lab... no, se habría girado para besarme.

¿Donde está todo eso? ¿En qué ha quedado todo eso? ¿De verdad los mejores momentos de mi vida se quedarán ahí, como recuerdos? Pasado. Todo pasado. Puto pasado.
No es miedo a que no vuelva a sentir todo eso. No es eso. Es miedo a no volver a sentirlo con ella y, sobretodo y sobretodas las cosas, miedo a que eso se pierda, a que esos recuerdos se olviden, se superen, se dejen atrás y, en cierto modo -sólo en cierto modo, pero muy amargo- esas cosas dejen de existir. Perderían valor y dejarían de existir tal cual son ahora: el recuerdo de amor más bello y puro que he vivido jamás.

Ojalá el juguete no esté roto. Está completamente roto. Es imposible jugar con él.
Si se pudiera jugar aunque solo fuese un poco más con él, habría hablado con ella. Pero no encontré un trozo del juguete lo suficientemente grande para poder jugar con ella. No queda juguete, está roto.

Estoy roto. Estoy muy jodido.

Del sexo ya ni hablemos. Cuando lo pienso se me torna irreal, algo ajeno a mí. Yo con ella, otra vez haciéndolo. Os juro que no llego a verlo del todo. Irreal, fantasía, algo onírico.
Eso sí, lo que llego a visualizar no es romántico y delicado. Es algo salvaje, físico, muy pero que muy obsceno. Casi violento. Proporcional al dolor y la pérdida que siento dentro.
Que esto lo digo aquí, pero luego a la hora de la verdad a saber si sería don Romántico, incluso de los que lloran. Quien sabe. Qué sé yo de mí ahora. Con respecto a ella, nada es estable, soy una bomba emocional.

Estos días miro al móvil, él me devuelve la mirada. Abro Whatsapp, y por vigésimo tercera vez miro su estado -"¿quién sabe si lo ha cambiado?"-, miro su última conexión -con ninguna finalidad- y me desdoblo imaginándome escribiendo.

Pero no lo hago. No escribo, no digo nada.
Quizás después de todo algo sí que ha cambiado. Quizás sí que he superado algo: el acabar por hablar con ella. Y sé por lo que es, y es que con un juguete roto no sabría que hacer con ella.

Si me hablase ella... Bueno, sería muy diferente. Sería como aquel alcohólico en abstinencia al que le ofrecen una copa: ¿Cómo voy a hacerle ese feo a mi colega si me invita? Estaría deseando. Qué cojones, esTOY deseando. Por suerte esas cosas no pasan, y menos con su orgullo y su forma de pensar. Seguro que ella piensa que la quiero lo más lejos posible de mí, cual leprosa. O que si se acerca a mí solo recibirá dolor, lo cual tiene derecho a sentir ya que es muy posible.

Es triste. Y penoso. Todo.

Se cambió la foto de perfil. Muy chula, por cierto. Y sobretodo muy ella. Estoy seguro que vio la opción de hacer eso con una foto y no dudó en hacerla. Se nota que fue así por la sonrisa que puso al echársela. Conozco bien esa sonrisa, de niña, de ilusión, de pilla. Mi pulgar se aplasta contra mi índice rápida y consecutivamente. ¡Muchacha cuidadoooooooooooo! Jajajajajajajaja.
He visualizado su cara víctima de mi pulgar e índice, su cara de enfado y capricho o directamente enfado y "estoy hasta los cojones de que me hagas eso". Me gustaría tanto ver cualquiera de las dos que no sabría cual quedarme.
Luego un bocao (que no bocado) en el brazo. Quien sabe si otro en la cara, pierna, o repetir en el brazo. Luego en el cuello y ¡clá! (sonido de una botella descorchándose), se desencadenaría ese vendaval de sensaciones físicas y emocionales que, irremediablemente, llevarían a un buen, dulce, fuerte, intenso y de calidad polvazo.
Me encantaba que pudiésemos hacer esos cambios de escenario tan rápidos y divertidos.

En fin. Creo que ya está bien de fantasear por ahora.
Solo quería decir que la sigo echando de menos. Creía que no sería para tanto tras este tiempo, pero sigue siendo así. Quizás eso esté enlazado con el estancamiento emocional que he sentido durante este verano.
Me siento emocionado e interesado por saber cómo acabaré esto, que será lo próximo que sucederá en mi vida. Depende de mí, eso no debo olvidarlo.

Mientras tanto, seguiré con mi Colt 45 batallando al estilo western contra mi móvil y su atractivo y sexy Whatsapp, el cual me daría algo de ella.

Mierda.

lunes, 15 de septiembre de 2014

Sueños y mentiras

El sueño

Acabo de despertarme y recuerdo bien el sueño. Es muy raro que yo recuerde algún sueño, ha debido de impactarme mucho, y así es. El sueño no es una historia, ni siquiera llega a ser una escena. Es una imagen y un sentimiento.

Es ella. Después de meses en que ningún sueño vuelva a mi mente por la mañana, hoy ha vuelto. Seguramente sea porque este miércoles es muy probable que la vea, y eso me pone nervioso. Los sueños, en muchas ocasiones son, eso, representación de los temores.

Iba maquillada. Por lo general no me gusta que las chicas se maquillen, me parece artificioso. A ella le gustaba hacerlo para salir, pero conmigo no lo hacía. En el sueño estaba maquillada, y en especial destacaban los labios, cubiertos de un color rosa oscuro que le daba mucho porte, presencia y madurez, muy en contraste a la visión que tengo de ella de una chica joven de 22 años. Un rosa oscuro que dice "aquí estoy yo", que dice "me siento segura". Aunque de eso último con mirarla a ella a los ojos me bastaría para comprobarlo.

Creo que es la visión que tengo yo ahora de ella. A quien creo que me voy a encontrar. No me gusta. No me gusta haber soñado eso, ni ahora, ni que vuelva al centro de mis pensamientos. Siempre ha estado en mis pensamientos, pero la ociosidad del verano me ha ayudado a sacarla del centro. Ahora, de vuelta a la ciudad y mucho más alejado de mis amigos, el sentimiento de soledad se acentúa.

Espero no pasarlo demasiado mal cuando la vea.

¿Hablar con ella? Bueno, la conversación sería un tanteo de como le va al otro. Apostaría porque ella está en un punto similar al mío: aceptándolo y superándolo pero sin dejarlo todavía atrás y con la imagen del otro muy presente. Seguramente ella se mostraría fuerte, que ya no me quiere en su vida. No sabría decir con exactitud hasta que punto es así, probablemente más de lo que creo. Pero lo prefiero así. Si me pusiera ojitos yo... No sabría qué hacer. No me lo esperaría y todavía me afectaría mucho. Por suerte sé que eso no pasará, ya que no se lo permitiría jamás a ella misma.


Las mentiras

Bueno, fue una. Nah, fueron varias, pero se resumen en una.

Hoy me he acordado de aquella otra chica porque he visto en la red social una foto de ella con su pareja en un aeropuerto. Parece que van a viajar por Europa.

En cierto modo me ha jodido. Verla a ella allí me ha hecho pensar: yo podría haber estado allí. Acto seguido mi mente me ha preguntado "¿querrías?". "No." Claro que no querría, solo veo el que podría haber sido uno de mis posibles futuros. Algo idílico como viajar con tu pareja por el mundo. Pero no deseo estar con ella.

Por lo que conocí a ella, debe ser el mejor momento de su vida. Alguien con quien se siente muy bien, posiblemente realizada, y está realizando un sueño para cualquier persona de veintitantos años. Jóvenes, enamorados y un mundo por descubrir. Por lo que la conozco a ella, debe estar viviendo su historia de amor verdadero. Lo que yo pienso es más duro: que esta viviendo por primera vez.

Hablemos sobre la mentira. Fue en una de las tertulias con mis amigos donde me hice plenamente consciente de ello. Salió el tema de ella. Hablamos de lo que pasó y por qué pudo pasar. De ese evento no he hablado nada en este blog, pero en resumidas cuentas: yo no estaba seguro de lo que quería hacer, ella era una persona extremadamente insegura por aquel entonces y todo acabó de una forma consecuente a los predisponentes.

El quid de la cuestión era el físico. Toda mi adolescencia he crecido entre canciones del Canto del Loco y Fran Perea, creyendo fervientemente que el físico no importa, que solo los sentimientos importan. Agradezco muchísimo eso, ya que eso hizo que desde muy joven prestase atención a lo que siento y pienso, algo que es difícil para cualquier ser humano. Me ha ayudado mucho a ser quien soy y me gusta. Pero estos últimos tiempos (meses, quizás dos años), he visto que el físico es muy importante. No en sí mismo, no en que ser un tío/a bueno/a lo tienes todo hecho, sino que influye mucho en uno mismo, particularmente en la seguridad en uno mismo.

Debo hacer una entrada sobre este tema en particular.

Pues bien, justo eso es lo que pasó. Inseguridad, íntimamente relacionada con el físico, fue un factor muy importante. La pregunta que me hicieron mis amigos fue que si influyó mucho su físico. Dije que sí, pero no solo por el físico en sí mismo, sino por como eso influyó en el proceso. Hice un gran esfuerzo por quitarle gran parte de esa inseguridad, que salió bien. Pero ese rol de salvador o de cuidador, me desgastó, no me gustó. La siguiente pregunta fue si se lo dije a ella. No.

Ahí la mentira, a ella no le dije que eso influyó. Por lo que mis amigos conocen de ella y yo conocí, la hubiese hundido. Ella estaba en un punto de inflexión en su vida, realmente me preocupaba ella, que su persona saliese fortalecida de esa situación. Cuando la llamé para dejarlo, me eché todas las culpas de ello. Ahí la mentira. Uno de mis amigos dijo que hice lo mejor, que hubiera destrozado su autoestima si hubiese dicho la verdad. Seguramente su futuro hubiese cambiado, más cargado de inseguridad en ella misma, desconfianza en los hombres o a saber qué.

Una mentira piadosa, la llaman. No me doy golpes en el pecho ni me siento mejor persona por lo que hice. Como he dicho antes, realmente me preocupaba joderla a ella en un momento tan crítico de su vida. Tenía mucha capacidad de hacerle daño y no quería. En el momento de aquella historia mi mayor preocupación era yo mismo: acababa de vivir un episodio en mi vida único y nuevo, aprendí mucho, pero ya no tenía nada más que hacer con ella. Aún así me importaba lo suficiente como para dejarla de buenas maneras, pero no era lo suficientemente importante como para ser incapaz de mentirle. A mis amigos, mi antigua pareja... ellos me importan demasiado como para mentirles en cualquier cosa, aunque supiera que les hiciera un bien mayor. Valoro demasiado la verdad por encima de la felicidad o cualquier otra cosa. Decirle lo que pienso a una persona es lo que creo que mejor puedo ofrecer, y lo que quiero dar a los que me importan.

Ella no llegó a importarme lo suficiente para ello. Ahora recuerdo las conversaciones que tuvimos después de dejarlo, donde iba conociendo gente nueva, su autoestima y persona crecieron mucho. Y hoy veo esa foto con el chico con el que va a viajar. No puedo evitar sentir que soy el aleteo de la mariposa que provocó el huracán. No por la mentira, sino por toda la historia que tuve con ella.

Pero ahora la veo a ella y es feliz. Yo no. Y eso me duele. Todo este torbellino de pensamientos y sentimientos son los que me vinieron cuando vi la foto. Alegría por ella, esperanza porque un futuro mejor es posible, melancolía por mi soledad y por los eventos pasados donde estaba convencido de que acabaría con un futuro así, ilusión de ver como los sueños se pueden cumplir, etc etc etc.

Me gusta pensar que he sido determinante en la formación de una persona y su personalidad, pese a que ahora no forme parte de su vida. Como en su momento lo fueron para mí otras personas con las que ahora no tengo contacto, sobretodo Víctor y Mireia.


Ha sido una mañana interesante. Comenzando con un sueño y seguido de una foto.

Hoy comienza un nuevo curso, a ver como se presenta.

lunes, 25 de agosto de 2014

Los buitres

Tengo mi propio buitre. Ahora entiendo lo que es tener uno. Un buitre está detrás tuyo siempre, le interesa todo lo que hagas o no hagas. Lo que digas y lo que no dices, y si no lo dices casi mejor para el buitre, así se entretiene. La vida de buitre debe ser aburrida.

Que un buitre se interese tanto por ti, seamos sinceros, alaga. Gusta saber que eres importante, aunque sea para un pájaro carroñero.

A mi ni a nadie nos gustan los buitres. Son feos, muy feos, no tienen nada de atractivo. No te entienden, por mucho que ellos lo intenten, al fin y al cabo son solo eso, buitres. Su condición carroñera hace que una posibilidad real de ser tu amigo no exista, sino que siempre formará parte del camino hacia la posibilidad de poder alimentarse de tu carroña.

Diría que un buitre siente algo de pena de sí mismo. Diría que a ellos no les gusta ir detrás de otros. Que en el fondo solo quieren alguien que les quiera y les haga compañía. Es posible. Pero digo (y no diría) que en cuanto viesen la oportunidad de comer carroña lo harían. La necesidad de llenar su estómago, su interior vacío, el hambre hace que no puedan pensar con claridad y finalmente revelen su verdadera condición.

Mi buitre me cae bien. Es entretenido, sé que siempre que le llamo me hace caso. Y tiene lo más importante que tiene un buitre: te hace compañía. Ese es el gran éxito de los buitres. Con su instinto animal, seleccionan a las personas que están débiles, cansados, agotados, apunto de convertirse en carroña. Aunque les veas venir, ya que los buitres son inconfundibles, cuando estás agotado, cansado, débil... un buitre viene muy bien al menos para compañía. No importa que les insultes o les desprecies, por tal de que les permitas acompañarte siguen ahí. Y aquí está la trampa del buitre. Sabes que él siempre estará dispuesto a comer tu carroña, solo tienes que dejarte caer, quieto, sin necesidad de decir nada; él hará el resto. Y pese a que sabes que si caes muerto te comerá un buitre, te dejas ya que la alternativa es dejarse caer muerto en soledad.

La soledad es dura. Yo ahora la llevo mejor, pero la semana pasada fue horrible. Muy mala. Muy muy mala.

Por suerte (bueno, suerte no, me lo he currado), no he sido carroña de mi buitre, no he caído. Ni siquiera he estado cerca de caer, ni un picoteo me ha dado. De hecho, el buitre en cierto modo me ha ayudado, me ha hecho ver que estaba muy mal, ya que yo estaba cerca de ser carroña. Eso me sirvió de aviso para mirarme a mí mismo, hacer autocrítica y preguntarme "¿Qué coño estoy haciendo con mi vida?"

Fui honesto conmigo mismo y con el buitre. Lo espanté. No es que le dijera por primera vez algo como: "¡Nunca seré tu carroña!". Eso se lo grité bien alto al buitre cuando le conocí de verdad y vi su condición carroñera. Pero eso a un buitre le da igual, no lo entiende, es un estúpido pájaro, ¿qué va a entender? Su instinto último es la carroña, la debilidad y la ocasión de hacerse contigo. Cuando comprendí y acepté esto, supe lo que debía hacer.

La siguiente vez que me encontré al buitre, como es habitual en un buitre, hizo un pequeño amago de picotearme. Normalmente le ignoro el acto, otras veces le digo contundentemente "NO". Esta vez le dejé mucho más claramente que nunca permitiré convertirme en su carroña. El cómo lo hice prefiero guardarlo por privacidad.

Los siguientes días me sentí un poco mal. Había hecho sentir mal al buitre y lo había alejado de mi compañía. En cierto modo volvía a estar solo. Aunque pensándolo bien, la compañía de un buitre no es la de una persona. Con el buitre también estaba solo. Pero ahora me había quitado un lastre de encima y, lo más importante, había sido 100% honesto con el buitre.

En cierto modo me siento orgulloso por ello.

Tras todo esto, fue entonces cuando comparé. Me comparé con otras personas que tienen buitres.

Me dolió mucho.

Entendí porqué las personas aceptan buitres en sus vidas. Dan compañía y, si uno está convencido de que nunca será carroña, solo serán compañía. Pero como dijo un sabio amigo mío comparándolo con  la batalla de Stalingrado "Tengo pocos recursos de calidad, pero lo que tengo son muchos soldados". Es decir, un buitre no tiene calidad ya es solo un ave, pero si siempre está contigo, tras muchos continuados e infatigables intentos, es muy probable que acaben dándose las condiciones adecuadas para que te conviertas en carroña.

Eso lo he visto en otras personas. Se sienten demasiado débiles para seguir, para andar, para enfrentar, y entran en el juego del buitre. Cuando sientes mucha angustia o soledad, el picoteo del buitre es "algo", que en esas circunstancias es casi un alivio.

Eso es lo que quería evitar. De hecho desprecio eso. Es más, casi desprecio a las personas que aceptan buitres en su vida. Y digo casi porque yo entiendo a esas personas muy bien, vivo esa situación. Pero en cambio yo he elegido algo más auténtico. Hay elección.

Sé que no soy nadie para dar consejos, así que repetiré lo que hice yo: hice autocrítica. "¿Qué coño estoy haciendo con mi vida?". ¿Mi compañía van a ser buitres? Piensa un poco sobre ello, no solo en la soledad, o en la conformidad que es decir "me hacen compañía y yo solo quiero eso". ¿Acaso no importa lo que el buitre quiera? Claro que sí. Y como buitre que es, en su interior siempre querrá la carroña.

Podrás decir "da igual los buitres que espante, siempre tendré buitres detrás mío". Eso es aceptarlos, aceptar su compañía y su condición. Y si aceptas eso, tarde o temprano te comerán. Y lo que es más grave aún, aceptas que tu tipo de compañía sean los buitres, no las personas. Conozco a varias personas que les ha pasado, aunque ahora pienso en una en concreto. Y claro, luego se arrepienten. Qué cómodo es arrepentirse, victimizarse y evadir nuestra responsabilidad. Autocrítica. Ya.

Esta ha sido mi experiencia con un buitre. Con el último. Pero sé que habrán más, de hecho este último volverá, porque a no ser que uno se muestre muy hostil con un buitre siempre acaban volviendo, es su naturaleza acechadora, piensan "quién sabe lo que podrá pasar ahora". O directamente no lo piensan, no tienen nada mejor que hacer. O solo siguen su instinto. En tal caso, si intenta picotearme otra vez (casi seguro) tendré que ser incluso más contundente, casi violento.

Pero es lo que debo hacer si solo quiero rodearme de compañía de calidad. Y es algo que sin duda estoy dispuesto a hacer. Pese al esfuerzo que lleva, hasta ahora ha merecido la pena.

Lector, si la mayor conclusión que has sacado de todo esto es que he espantado a mi buitre, cierra el puto blog y no vuelvas nunca. Si quisiera mostrar un mensaje así de corto, lo pondría en Facebook o Twitter, pero aquí intento expresar todo lo que significó eso.

sábado, 28 de junio de 2014

Pero es ella

Es MUY duro dejar atrás a alguien a quien quieres. Mucho más duro dejarla atrás si sabes que ella también te quiere, y quiere estar contigo. Que en el fondo de su ser espera a que vuelvas a por ella. Que vayas como un príncipe azul a por ella, a cogerla entre tus brazos, decirla que la amas y que todo irá bien a partir de ahora. O ni siquiera ser un príncipe azul, ni decir nada; bueno, sí, decir que vuelves para quedarte para siempre.

Cuantos más días pasan y más lejos está ella, mi corazón entiende menos la distancia. Lo bueno de ella es cada día mejor que el anterior, y lo malo es solo una tontería que le da encanto.

Allí estaba hoy ella. Y yo. Nuestra graduación. No pude saludarla ni verla de cerca, llegué a y 29.

La buscaba entre los asistentes pero no la encontraba. Cuando salió al escenario fue cuando la reconocí. Cómo cambian las mujeres con vestido, tacones y otro peinado. Ella no era la más despampanante de las mujeres que habían allí. Pero no le hacía falta, le bastaba con ser ella.

Caminaba diferente, debido a los tacones; seguro que no iba cómoda. Tenía una media sonrisa: alegre por la graduación, pero nerviosa por salir al escenario. Todo en apenas unos segundos.

Después de eso, vino ese sentimiento que todavía me invade.

Melancolía. Añoranza.

Cuando me tocó subir al escenario y mirar al público, no pude evitar echar una mirada directa hacia ti. Sabía donde estabas sentada, y estoy muy seguro de que te diste cuenta. Mirada de "te he visto, sé que estas ahí".

Mirada de sociópata, de alguien que juega contigo, con tus sentimientos. De un idiota que no puede dejarte atrás. Te deja atrás pero te sonríe de vez en cuando, enganchándote, tirando de esa cadena invisible para mantener algo de ti. Provocando que te acuerdes de mí esta noche, porque te conozco lo suficiente para saber que es así. El alcohol te ayudará. Yo no he ido a la fiesta, tú sí. Últimamente me arrepentía de no ir, hoy más que nunca, pero fríamente creo que es mejor así.

Creo, creo que todo esto es porque siento que es de verdad el fin. Dejaremos de vernos. Tú dejas la facultad, nuestros caminos no se cruzarán más. Nuestras vidas cambiarán mucho a partir de ahora y, en esa gran incertidumbre que es el futuro para los dos, lo que teníamos más seguro se ha ido. Y, simplemente, que el otro se ha ido, tú te has ido.

Cuando pensé "no es la más despampanante de las chicas" me dolió la rapidez de la respuesta: "da igual, es ella". No le hace falta. Ser ella supera cualquier tipo de belleza física. Supera que ande diferente con tacones, supera sonrisas divididas. Supera todo.

Me esfuerzo porque no me supere. Por no enviarte un mensaje, por ejemplo. Aunque seguramente hablemos mañana, pero hacerlo hoy por mi parte sería demostrarte mi ahora absoluta debilidad. Me siento muy frágil hacia ti, vulnerable, y no quiero confundirte más. No quiero darte más mensajes contradictorios. Después de todo puede que no sea un loco sociópata.

Lo gracioso de todo es que tú no sabrás de esto probablemente nunca. Quizás sea mejor así, y que liberes esa cadena invisible que nos ata. Aún.

En mi recuerdo quedará esta noche, no como la noche de mi graduación, sino como la noche de mi graduación en la que te vi y pensé: "No será la mejor de todas, pero es ella".

domingo, 22 de junio de 2014

Asustado de mi ombligo

En días como éstos me siento especialmente, extrañamente solo. Con la sonrisa triste y cansada de "yo me lo he buscado", no fustigándome, sino comprendiendo la cruda realidad.

Los pequeños detalles del día a día. Las cosas que veo en el trabajo no tengo realmente con quien compartirlas. Bueno, sí que tengo gente con la que hablar, pero no siento que me entiendan realmente y tengo la asquerosa convicción de que me escuchan porque les hablo, no porque realmente les interese. Pienso "si les interesara me preguntarían", y cuando estoy cansado de esperar a que dejen de hablar de sí mismos hablo yo. Es posible que sí se interesen por lo que les digo, incluso que lo entiendan, y que mi percepción de que me escuchan "por cumplir" sin interés real no sea más que el reflejo de como soy yo con ellos.

No lo sé.

Temo mucho por que mi ego esté creciendo. Creciendo demasiado. Además, solo el ego, porque la autoestima sigue más o menos igual.

Los problemas de casa, mi familia, saltan todas mis alarmas cada vez que veo a alguno de ellos discutir con otro. No quiero eso, no quiero nada de eso. Discutir es normal, necesario y la forma de solucionar los problemas, lo sé. Pero cuando les oigo discutir sobre los mismos temas de siempre me hunden, años y años con los mismos temas enquistados, o con los mismos hábitos repitiéndolos una y otra vez tristemente.

Ya no me siento tan identificado con otras personas como antes. Veo que tengo gustos y sobretodo visiones de la vida muy distintas. Personas que antes para mi eran modelos a seguir, ahora son lo que realmente son: personas, con sus múltiples defectos y virtudes. Estoy ganado seguridad en mí mismo y aprendiendo, eso sí, pero estos cambios me alejan inevitablemente de otras personas.

Cada vez me cuesta menos decir no. Que no quiero. Eso me aleja de otros emocionalmente. Y para mí lo emocional es prácticamente todo.

No tengo con quién expresar mi aprendizaje en el trabajo. Estoy viendo que es mucho, muchísimo. Esa inteligencia latente que estaba convencido tener está manifestándose y me encanta, pero al mismo tiempo me asusta. Veo a la gente que viene a consulta, conforme cuentan su vida elaboro hipótesis, veo los patrones que otras tantas personas con problemática o situación similares tienen, y casi todo se cumple, y lo que no, entra de lleno a mi memoria. -No tengo esa mala memoria que vendo a los demás, es mi pereza junto a la extrema exigencia hacia los demás lo que hace que pocas cosas las considere suficientemente interesantes para memorizarlas-.

Una vez más me da miedo, mucho miedo, a que mi ego esté creciendo a niveles desorbitados. A que lo que creo que veo sea solo una creencia y me esté equivocando. A que matice mis pensamientos y los distorsione con la realidad. A que mi inteligencia no sea sino arrogancia disfrazada. A que cualquiera que pueda leer esto le esté dando asco, rabia o pena.

Y la ironía, como siempre, me escupe a la cara. Tenía a alguien que me entendía como ninguno, con quien podía hablar todas estas cosas, capaz de ver muchas de esas tantas cosas que yo veía. Y la saqué de mi vida. ¿El motivo? El de siempre: quiero más. Como he dicho antes, mi nivel de exigencia con la gente, con las cosas, con la vida creo que no hace sino crecer. Lo peor de todo es que creo que me va mejor, que estoy más en orden con lo que realmente quiero y, sobretodo, con quien soy.

Me daría mucha rabia abrir los ojos, mirar al espejo y ver a una persona arrogante o con el ego henchido. Yo creo que no, estoy bastante convencido de que no. Pero me analizo y veo todos los ingredientes, preparativos, y condiciones suculentamente ordenadas y dispuestas para que caiga en eso, en esa auto-contemplación masturbatoria, caricias a mí mismo y besos en el hombro.

En momentos como éste, donde veo cada vez más y más cosas, me encantaría continuar con mi antigua acompañante para contar todas y cada una de esas cosas. Pero acabo de recordar ese vicio de mi familia, el de repetir los problemas enquistados años y años, discusiones en las que el problema no se resuelve sino que ahonda más una herida que nunca cicatriza del todo. Los motivos están claros. Pero la soledad y necesidad de compartir sigue ahí.

Sin duda esta es época de cambios para mí. No cambios repentinos en unos días por importantes decisiones. Sino cambios paulatinos debidos a actitudes tomadas que influirán a largo plazo para toda mi vida. Quién soy, cómo soy, con quíén estoy y qué haré en mi vida. Cada vez tomo más conciencia de todo, pero no por ello dejo de necesitar evadirme de todo con mis videojuegos constantemente -en los cuales también cada vez tomo más conciencia de la mecánica y consigo unos resultados de los que yo mismo me sorprendo, muy buenos resultados para la "poca" dedicación-.

Tengo miedo de convertirme en una persona huraña y solitaria. No sé como pero tengo que trabajar en evitar eso. Me basta querer algo para conseguirlo -que dependa solo de mí, claro-, así que seguro que lo consigo.

Mi lema sigue siendo el mismo, bueno, mis lemas:
-No estancarme
-Ser feliz

viernes, 16 de mayo de 2014

En el show de Truman

En el Show de Truman, la vida es sencilla. Todo está planificado, como qué hacer, qué estudiar, dónde trabajar, con quién trabajar, quién es tu mejor amigo, dónde vivir, qué temer y a quién amar.

En la vida real nada forma parte de un plan establecido. Es por eso que no sabemos qué hacer, qué estudiar, dónde trabajar, quiénes son tus amigos, dónde vivir, qué temer y a quién amar. Todo eso lo decide uno mismo.

En el show de Truman, cuando te sientes solo, aparece tu mejor amigo de toda la vida sin que nadie le avise, con unas cervezas que es lo que más te apetece en ese momento, te escucha, te comprende y te dice lo que necesitas oír justo en ese momento, de nuevo sabes qué hacer y te da luz en la oscura noche en el muelle.

En la vida real, cuando te sientes solo, debes buscar a tus amigos para que sepan que les necesitas, acude cuando puede porque también tiene sus propios asuntos, va sin saber qué te ha ocurrido, te escucha, intenta comprenderte y te dice lo que el cree que es mejor para ti, sigues sin saber bien qué hacer pero te acompaña y te da un rayo de luz llamado esperanza.

En el show de Truman, tienes pequeños encuentros amorosos que te marcan lo suficiente para valorar a tu mujer perfecta. Simpática, inteligente, guapa, alta y rubia con un pelo estupendo, un punto elegante y tradicional, cubre tus fallos y es tuya. Está ahí solo para ti.

En la vida real, cada relación fue importante en su momento, te marcan para formar tu idea de como son las relaciones de pareja, con cada pareja cambias, unas veces añoras, otras olvidas y otras te gustaría olvidar. Cualquiera puede ser la definitiva y ninguna será perfecta. Simpática y también con días malos, inteligente pero se equivoca y tiene vicios, atractiva para ti y no siempre va arreglada, tiene sus propios defectos y necesidades. Es libre y tiene su propia vida como tú, quiere que estés junto a ella y ella estar contigo.

En el show de Truman, la vida siempre es activa, enriquecedora e interesante para cualquiera. Lo que hagas importa a muchos y lo que hagas va a ser decisivo en sus vidas. Si tú paras tu vida, decides cambiarla o huir y pasar de la vida, todos pararán sus vidas e irán a buscarte y pedirte que vuelvas.

En la vida real, la vida puede vivirse de forma pasiva, puedes estancarte, embotarte, conformarte con lo que ya tienes y para los demás solo eres uno más del montón. Para los demás lo que hagas pocas veces va a ser interesante y nunca va a ser más importante que sus propias vidas. Si tú paras tu vida, decides cambiarla o huir y pasar de la vida, los demás seguirán con sus vidas, el mundo seguirá corriendo, si te alejas mucho de la vida de los demás saldrás de ella y solo para los que realmente eres importante te pedirán que vuelvas.

En el show de Truman todo es falso, es mentira, es un guión preestablecido que te empuja por todas partes a ser y actuar de una forma determinada. Pero en el fondo, al final la decisión de salir de ahí es tuya.

En la vida real todo es real, todo está permitido, no hay guión sino que lo escribes tú mismo día tras día con tus actos, las circunstancias en las que naciste y ahora vives te predisponieron y te dieron la experiencia para ser lo que ahora eres, algo realmente indeterminado y en continuo cambio. Y en el fondo, tu estilo de vida, lo que haces, quién eres y cómo actúas, quiénes son tus amigos, tu pareja, cómo te relacionas con ellos, tu trabajo, el ocio, TODO, todo depende de ti. Lo que hago día a día, lo que hago hoy, lo que hago justo en este preciso momento es lo que yo he decidido hacer, y salir de ahí y hacer lo que realmente quiero es decisión mía.