miércoles, 29 de mayo de 2013

La lista

Desde hace mucho tiempo, seguramente desde que tengo los 18 años, siempre he tenido el sentimiento de que no hacía lo que realmente quería en mi vida, que estaba perdiendo una grandísima ocasión. Perdía el tiempo de la peor forma posible: dejándolo pasar. El tiempo lo dedicaba a no hacer nada de lo que realmente quería, llenándolo de cosas sin importancia que me hacían olvidar y evitar mis verdaderos deseos. Y es que, esos deseos requieren esfuerzo, pero perder el tiempo es muy fácil.

Así llevo ya 5 años.

El pasado jueves, por motivo de mi cumpleaños pensé que iban a cambiar las cosas. Siempre me ha gustado inventar mis propios pensamientos mágicos: creer que un día me despertaré con poderes (más recurrente de lo que os imagináis), que soy otra persona, que tengo una grandísima inteligencia, que sé todo lo que se puede saber, y demás cosas. Sé que es completamente imposible que pase algo así, pero me gusta pensar en eso porque siento que entonces estaría feliz con mi vida.

Pues bien, el pensamiento mágico que desde hace ya unos años hasta el pasado jueves tenía es que el mejor año de mi vida sería éste, o al menos que mi vida mejoraría muchísimo. Y es que, siempre he tenido algún tipo de pensamiento mágico con el número 23, que son los años que tengo a día de hoy. Y sí, con esto sí que tengo algún tipo de creencia mágica real, pero con muchos matices, y no voy a hablar de eso ahora. 

Como era de esperar, no ha mejorado, sino que sigue empeorando porque sigo sin hacer lo que me gustaría. Estos años he estado salvando mi no-insatisfacción y orgullo personal estudiando lo mínimo y aprovechando mi gran suerte para aprobar, pero sin sacar notas que era el objetivo real. Así que tanto los estudios, como el resto de aspectos de mi vida, son una gran fuente de insatisfacción para mí.

Hoy, tras perder todo el día una vez más -otra de tantas, lo que en mi vida son la inmensa mayoría de días- he decidido hacer una lista. Con cuadros en modo esquema he puesto las cosas básicas de porqué hago lo que hago y qué quiero hacer, con flechas de los porqués y terminando en dos listas: una de las cosas que no me hacen sentir mejor, la otra de las cosas que realmente quiero hacer en mi vida. Ha sido una experiencia interesante, al principio pensaba que era algo triste hacer una lista de este tipo. Luego pensé que fracasaré con ella, como he hecho en el pasado con todos los horarios y listas de propósitos. Pero la gran diferencia está en que lo de antes era demasiado exigente y duro, porque era lo que sentía que debía hacer, una obligación. En esta lista, mucho antes de empezar a pensar en los propósitos, he puesto el por qué hacer esas cosas, que son las que realmente quiero hacer; y el por qué no hacer las que no me hacen sentir bien. No son propósitos realmente, sino el qué, el porqué y el cómo hacer lo que quiero hacer. Es dejar por escrito lo que mi mente piensa y sabe que, si hago lo que no me hace sentir bien, será un día desaprovechado; y si hago lo que realmente quiero hacer, será un día del que me sentiré orgulloso. Sin obligaciones, sin fechas, sin comienzo ni límite: es lo que yo quiero. Bueno, sí, hay un comienzo, en “Cómo hacerlo”, una de las cosas es “Empezando desde ya, siempre”.

Pero no hablaré más del contenido de la lista, es algo personal.

A ver qué resultados reales me da esta lista. Pero esta vez creo que funcionará.

viernes, 17 de mayo de 2013

No me gusta la soledad


Tras tanto tiempo en compañía, siento muy fuertemente la soledad. Realmente no ha sido mucho tiempo, pero cuando ese tiempo ha sido muy bueno se disfruta muchísimo. Más ahora, que no lo tengo, sí, lo típico de que valoras algo más que nunca cuando lo pierdes. Tanto calor, tantas sonrisas… Ahora no hay nada. Quizás sea eso lo que más duele, que no hay nada. No siento frío, ni temor, ni ganas de salir corriendo y recuperar lo perdido. No. Tampoco hay palabras llanas, sentimientos vacíos ni una obra de teatro aburrida que ver, en la que actuar o escuchar. De eso me alejé en su momento, y ahora hasta eso echo de menos. No. Ahora estoy vacío.

Hoy, en el autobús, ha sonado por la radio una canción que, por mucho que busco por internet no encuentro, y decía algo así: Después de conocerte, tocar el cielo me parece poco. Es eso, algo tan increíble como tocar el cielo con mis propias manos, ni eso sería comparable a lo que tenía.
No hay voces ni abrazos que llenen este hueco. Es ahora cuando me pregunto: ¿qué he estado haciendo todo este tiempo? Ni siquiera tengo algo que conmigo mismo me satisfaga. Una buena lectura, tal vez. Pero los sinsentidos con los que llenaba mí tiempo antes cada vez me llaman menos. Y hablando de los videojuegos, hace unos días me preocupé mucho por un amigo. Su pareja, su pareja es ahora como era yo antes. Consumido, dejado, arrastrado por esos sinsentidos. Hablo con mi amigo y, con temor a cumplir mi sospecha, lo que le ocurre es lo mismo que me ocurría a mí. Me fastidia mucho, me jode, porque sé lo que es estar ahí, en el mal lado, y comprendo perfectamente a quien está en el lado afectado. Lo entendía con tal certeza que lo sentía casi como si fuera mío. Pero fue entonces cuando comprendí que, tal grado de lucidez acerca del problema significaba que no volvería a pecar en ello jamás.

Pecar, qué palabra con connotaciones tan religiosas. Qué asco que sea así.

Sé que no volvería a repetir mis errores, qué narices, me apetece decir pecados. Sé que no volveré a repetir esos pecados, porque ahora entiendo que conllevan, y esa consecuencia no la quiero para mí.
Dios… Hay tantas cosas que sabría hacer ahora bien… Otro típico en mí, pensar en cómo sería el pasado con lo aprendido de hoy día. Por suerte y alivio, me queda ese regustillo con sabor muy amargo de que, pese a todo, ha sido mejor así, que acabara así, y que en definitiva acabara. Confesaré que, interiormente, veía algún fin. No como tú, lo siento, es muy injusto para ti, de veras lo siento, eso no cambia los grandes sentimientos que tengo hacia ti.

Sé que todo eso es por mi perpetua sensación de que no estaba haciendo las cosas bien con mi vida, conmigo mismo, insatisfacción conmigo. Ahora, sin duda alguna, creo que éste es el mejor momento para encargarse de eso. Y de veras lo estoy haciendo, no todo lo ideal que me gustaría, pero voy consiguiéndolo.
Últimamente he visto la frase de: Si tus sueños no te dan miedo es porque no son lo suficientemente grandes. Estoy TAN de acuerdo… Y a eso me dispongo. Cuando mejor me sentía en la vida conmigo mismo era cuando esos sueños eran enormes, y me creía capaz, sabía que podía hacerlos. Esa foto de aquella maravillosa semana de verano me lo recordó. No me lo recordó, me lo estampó contra la cara, me dio una bofetada de esas morales. Y entonces, recapitulando mis años posteriores, vi que lo que prometía ser un sueño se fue viendo truncado poco a poco, corrompiéndome poco a poco pero inexorablemente , hasta llegar a lo que soy hoy: un roto.

Pero lo sé, sé que voy a volver a ser ese, el que sueña. No el de antes, sino el de ahora con lo bueno del de antes; el de antes con lo aprendido del de ahora. Ni el de antes ni el de ahora, uno nuevo que no nacerá un día concreto, sino que un día me percataré que lo habré conseguido porque, hoy, está naciendo.
Estoy comenzando por las no-pequeñas cosas. Esas no-pequeñas victorias. (Pequeña… esa sí que es una palabra con impresionantes connotaciones para mí, tanto que me he quedado unos segundos pensando solo en esa palabra, sin escribir, sin respirar.) Me gustaría algún día quitarme por completo los sinsentidos. Sé que ahora mismo no lo haré, porque ni quiero, lo que sí quiero es hacer que dejen de ser sinsentidos, reducirlos, aplastarlos con las manos y, que cuando las abra, solo sea lo que son: diversión.
Las no-pequeñas cosas serán para mí grandes triunfos. Estoy deseando comenzarlas. Las menos agradables estoy ya con ellas y me está yendo mejor de lo que esperaba. No, esperaba no es la palabra correcta. Sería “mejor de lo que normalmente ha sido”. Sí, eso es.

Vaya, acabo de recordar el motivo de este texto. La soledad. Sí, ahora mismo creo que la noto más que en toda mi vida y me causa más dolor que nunca. Por el contrario, ambas cosas no me perturban como lo hicieron en un pasado pese a ser menor la gravedad. Por un lado, sí, más solo que nunca, pero sé bastante bien los motivos por los que he llegado aquí. Y sé también como salir más o menos airoso. Por el otro lado, más dolor que nunca, sí, pero estoy ya tan acostumbrado a él que no me perturba ni me quita el sueño, como ninguna cosa. Lo siento mío y lo acepto, creo, sé que lo necesito, para saber cuál es mi lugar en el mundo, en mi proyecto con para el mundo, y disfrutar lo bueno de verdad.

En fin, estoy bastante cansado ya. Tengo muchas cosas que decir pero tendrá que esperar.

Tenías razón, era cosa de elegir entre uno de dos. Y no te elegí a ti. Pero te equivocabas de dos. Esos dos éramos tú y yo. Ahora lo entiendo. Necesito que las cosas estén así. Necesito ser aquel que quiero ser. Entonces, ya hablaremos.

Echo mucho de menos tu calor. Mientras tanto, soledad.