domingo, 23 de agosto de 2009

El Lector Vampiro

Este artículo lo leí en la revista de los domingos “El País Semanal” del 26/07/09. Por Javier Cercas. A mí me caló muy hondo este artículo. Espero que os guste.





El Lector Vampiro

En 1991, Saul Bellow, que fue el último escritor serio que escribió la palabra alma sin que se le escapara la risa, declaró lo siguiente: “En mi juventud, la literatura formaba parte integrante de la vida; se absorbía, se asimilaba en el organismo. No se era conocedor, esteta, amante de la literatura. No, con la literatura daba uno forma a su vida, era algo que se ingería, que pasaba a ser parte de la propia sustancia, que constituía la senda de la liberación y la libertad plena”. Luego Bellow concluía: “Creo que el ambiente de entusiasmo y amor por la literatura, ampliamente extendido en los años veinte, empezó a desaparecer en el decenio de los treinta”. En 1996, la novelista Cynthia Ozick discrepó levemente de estas palabras de Bellow: “Todo ferviente lector elegirá probablemente el momento de su propia juventud como la edad de oro en que la literatura se entreteje con la urdimbre del mundo”. Es posible que Ozick tenga razón; es posible que, a su modo, Bellow también la tenga. Sea como sea, lo que importa es que ninguno de los dos habla del lector común; sin darle ese nombre, ambos hablan del lector vampiro.


¿Qué es un lector vampiro? Bellow lo explica bien: no es el lector que lee para matar el rato o para divertirse, ni siquiera para hacerse sabio; todo eso es estupendo, pero el lector vampiro no lee para nada de eso: lee para sobrevivir. De hecho, podría incluso decirse que, propiamente, el lector vampiro no lee libros: los apalea, los acuchilla, les arranca las entrañas, les chupa la sangre, les roba el alma; no quiere leer los libros: quiere ser los libros, que los libros leídos pasen a formar parte, como dice Bellow, “de la propia sustancia”. Esta atroz carnicería suele ser un espectáculo aterrador, y por eso el lector vampiro procura llevarla a cabo sin testigos, como si se tratara del acto más íntimo de su vida íntima; y por eso, también, el lector vampiro suele ser un mal reseñista de libros –está demasiado absorto devorando las vísceras del libro para opinar sobre él–, pero no necesariamente un mal crítico, aunque, como el libro ha pasado a ser sangre de su sangre, casi siempre sea muy difícil distinguir si lo que dice lo dice del libro o lo dice de sí mismo. En suma: este tipo de lector sólo lee en realidad para salvarse, ese verbo que desde hace 50 años es imposible escribir sin que se le escape a uno la risa.

¿Cuándo nace un lector vampiro? ¿Cómo nace? Mi impresión es que el lector vampiro nace en la adolescencia, que es la última etapa de la vida en que uno cree que puede salvarse; en cuanto al cómo, las historias son muy variadas, pero tienen un común denominador: casi todas son ridículas. Aunque me da mucha vergüenza hacerlo, contaré la mía, con la esperanza de que mi ejemplo anime a otros congéneres a salir del armario. En aquella época, yo tenía 14 o 15 años y era, dentro de mis posibilidades, una persona normal; también era un lector alegre y confiado. Por desgracia, aquel verano me enamoré, y al volver a casa después de las vacaciones sólo tenía ganas de colgarme del cimborrio de la catedral de Gerona; fue un momento serio, que intenté capear echando mano del libro más serio que encontré en mi casa, con tan mala fortuna que el elegido resultó ser San Manuel Bueno, mártir, de don Miguel de Unamuno. Se trata, como recordarán, de una novela mal escrita y confusísima, que sin embargo leí como si me fuera la vida en ello y con la que me armé tal lío que en un par de días dejé de ser católico y me entregué al alcohol, el tabaco y el desenfreno; no contento con ello, en los meses que siguieron leí todos los libros de don Miguel, lo que acabó de sumirme en un estado de frenético descontrol moral del que todavía no he emergido. Ésta es mi trágica historia; la de mis congéneres, me temo, no es muy distinta. Por supuesto, luego leímos libros mejores que los de don Miguel, pero el mal ya estaba hecho; además, el pobre don Miguel no tiene ninguna culpa: si no hubiera sido él, hubiera sido otro, porque cuando uno le chupa la sangre a un libro ya sólo quiere chupar sangre de libro. ¿Fue un error? Puede ser. O al menos eso es lo que piensan esos modernos que se precian de no leer novelas y saltan de alegría cada vez que oyen hablar del final del libro impreso y se ríen a carcajadas con la trampa en que caímos los chicos de provincias de los setenta, que según ellos nos entregamos a la literatura porque no podíamos entregarnos a las cosas grandes –a la política, a la guerra, a la televisión, al cine, al periodismo– y que, también según ellos, nos creímos que la literatura servía para ser más alto, más rubio y mejor, y aquí seguimos, bajitos, morenos y empeorando. Bellow pensaba que la literatura dejó de contar hacia los años treinta; Ozick piensa que todavía cuenta, aunque ya no cuenta como contó; yo, francamente, no sé qué pensar. Pero lo que sí sé es que hay por ahí todavía lectores vampiro, gentes capaces de apostarse enteras en cada frase y de jugarse el tipo en cada página, porque sienten todavía que la literatura es el mejor modo de que todo esto se vuelva más rico, más complejo, más intenso y más real; gentes nocturnas que sobreviven sorbiendo sangre ajena, tan seguras como todo el mundo de que no se salvarán, pero más dispuestas que casi todo el mundo a vender caro su pellejo. Aunque se les escape la risa.








Podéis encontrar este artículo en la página web de “El País”, más concretamente en este enlace:
http://www.elpais.com/articulo/portada/lector/vampiro/elpepusoceps/20090726elpepspor_2/Tes

Y el pasado 16/08/09 en “El País Semanal” en la sección de comentarios a los artículos de parte de los lectores, me encontré un comentario hacia el artículo anterior. Tampoco tiene desperdicio.






Lectores vampiro

Me encantó el artículo de Javier Cercas sobre el “lector vampiro” (26 julio). Todo lo que cuenta acerca de este peculiar tipo de lector es muy acertado, hasta el punto de hacerle pensar a uno cómo diablos no había reparado antes en que realmente existen lectores así, con esas mismas características y atributos que tan atinadamente expone y comenta. También me interesó mucho el relato de cómo él mismo, siendo aún adolescente, se convirtió en lector vampiro; y viendo que mantiene la esperanza de que otros lectores vampiros se animen a contar sus inicios, paso a exponer cómo yo mismo me inicié en esta desasosegante secta. Tendría yo 17 años cuando cayó en mis manos nada más ni nada menos que “Así habló Zaratrusta”, de Nietzsche. Tanto me trastornó aquel libro que durante meses, al igual que le ocurrió a nuestro admirado Cercas, anduve errante por las calles, visitando bares y tascas y bebiendo en exceso, reflexionando febrilmente y sin resultado alguno acerca de mí mismo y del papel que me correspondía en la vida. Vinieron otros libros, y ahora viene Cercas y me hace ver claro que yo también soy un lector vampiro.

Máximo González (correo electrónico)





Yo creo que muchos de nosotros alguna vez hemos sido un lector vampiro.

domingo, 16 de agosto de 2009

Tres en familia 02



"Dime de lo que presumes y te diré de lo que careces", refrán popular.

Antes de nada quiero disculparme por tardar tantísimo tiempo en volver a actualizar, ¡casi un mes! Aunque no tengo conexión a internet en casa, podría haber actualizado mucho antes. Esta viñeta la pongo por varios motivos.

Uno es por mí mismo. Al igual que la mujer de la viñeta yo hablo de cosas que luego no cumplo. En la anterior entrada hablaba sobre todo lo que he aprendido pero este verano al que solo le quedan 15 días (el uno de septiembre ya tengo exámen) no he hecho nada de lo que debería hacer. Me lo he pasado jugando a la PSP, al ordenador y salir con los amigos. Lo que es estudiar, nada. Y eso que me quedaron 6 asignaturas. Al menos puedo decir que he vuelto a hacer ejercicio. Casi todos los días salgo con Cantnoy, Espe y Paquito a correr al monte de mi pueblo. El propósito de echarle un rato a la guitarra todos los días tampoco lo he cumplido.

¿Por qué digo todo esto aquí? Aparte de porque es un blog personal, porque hace tres días una persona me dijo la siguiente frase: "Así hago muchas cosas y consigo no pensar en otras" (algo así era). Me miré a mí mismo y me di cuenta de que yo hago eso, pierdo el tiempo con mis videojuegos para no acordarme que tengo que estudiar. Os cuento esto para dejar constancia de que es real, en lugar de jugar a algún videojuego. Por lo que voy a hacer lo mismo que hice en Junio: cortar por lo sano, no más videojuegos hasta que acabe los exámenes. Odio tener que hacer eso porque odio tener que acudir a los extremos, pero a estas alturas de verano tengo que hacerlo si quiero aprobar lo propuesto. Lo propuesto son tres asignaturas. Una es un parcial de una anual que debo aprobar porque la nota del otro parcial solo me la guardan hasta septiembre. Y las otras dos son dos cuatrimestrales que ya me presenté en junio y suspendí, y son bastante asequibles para mí. Las otras tres que ya abandono son de muchísima materia y de empollar, y con tan poco tiempo es de locos intentar sacarme alguna sin perder el juicio.

¡Ale! Ya está dicho, solo falta hacerlo.

Por la otra razón por la que pongo esta viñeta es por el hecho de hablar de cosas sin conocerlas. La mujer habla de la ignorancia, pero ella es la primera que no logra ignorar los ladridos. A las personas les encanta hablar de temas que ni ellos mismos conocen. Normalmente la gente al decir esto piensa en los políticos, pero yo me refiero a la gente corriente. Muchísima gente, demasiada, con unas cuantas experiencias que tienen en la vida creen que ya saben como funcionan las cosas en la vida, y ni se interesan en saber como ocurrió realmente.

Ejemplos: a dos amigos les toca la lotería y luego se pelean; la mayoría de la gente piensa que es por el dinero y no por algún otro conflicto. Una niña bonita de 16 años denuncia a un hombre feísimo de unos 50 por abusos sexuales, la mayoría con solo ver las fotos de cada uno de los dos piensa que el hombre es culpable. Un chico y una chica son pareja, aparece otro chico, la pareja corta y ella sale con el otro chico; la mayoría de la gente piensa que el otro chico es un cabrón, ella una guarra y pobrecico del otro chico, cuando los acontecimientos para llegar a esa situación pueden haber sido muy variados.

Pero eso, a la mayoría de la gente, a penas le importa. Es una tendencia muy humana la de generalizar y simplificar las cosas.

"La explicación más simple es la más probable, pero no es necesariamente la verdadera." Guillermo de Ockham.

Pero al generalizar tanto, nos perdemos muchísimas posibilidades que acaban siendo reales. O simplemente no es tan difícil que sean reales, pero por comodidad o cualquier otra cosa preferimos descartar las no tan simples.

Hoy día estoy viendo en el canal Cuatro la serie Perdidos (Lost). En esta serie desde el primer capítulo no paran de ocurrir sucesos muy extraños sin aparente explicación lógica o con una explicación mucho más oscura y difícil de entender de lo que aparenta. He de ahí uno de los factores que hace que esta serie tenga tanto éxito. Quien la vea sabrá lo que digo. Lo que os quiero decir con esto es que nosotros, los que tenemos esa curiosidad especial que hace que busquemos la verdad y el conocimiento más allá de lo típico, no caigamos en las simplificaciones y lo mundano, ya que nos desviaremos muchísimo. Y, por favor, cuando suceda algún conflicto a vuestro alrededor, antes de opinar y juzgar INFORMÁOS, aseguráos de lo que os cuentan es real y luego, entonces, opinad. Y aun así no olvidéis que es solo una opinión, una posibilidad.

Cuidáos mucho, pensad y no simplifiquéis, y disfrutad del verano. :P
¡Hasta luego!